Blas Pascal

Si nuestra visión se detiene en el límite de lo que conocemos, que nuestra imaginación pase más allá;
antes se cansará ella de concebir que la naturaleza de proveer. (B. Pascal)

martes, 26 de abril de 2011

Albéitar, Herrador, Mariscal y Menescal

Si consultamos el Tesoro de la Lengua (1611) de Sebastián de Covarrubias  podemos leer una concisa definición de albéitar: “el que cura las bestias”.
 Estrictamente hablando, la veterinaria como tal no tiene entidad hasta que se crea la enseñanza oficial de la misma a finales del siglo XVIII (1793); antes a los profesionales de la veterinaria se les llamaba albéitares o mariscales y con estos nombres se hace referencia a los técnicos de la albeitería y mariscalería respectivamente. En los países del centro de Europa y en Italia la primitiva medicina equina recibía el nombre de mariscalería, término que casi no se utilizó en España, salvo en algún pueblo del reino de Aragón y en el ejército ya que los mariscales eran los veterinarios militares. Se puede afirmar que los primitivos hipiatras griegos fueron posteriormente albéitares (o mariscales) en Castilla y menescales en la Corona de Aragón y, más tarde, veterinarios.
Sin embargo, si precisamos un poco más podemos decir que la primitiva veterinaria casi se limitaba, al menos durante la Edad Media, al herrado, de manera que los “maestros  herradores” o “ferradores” vinieron a ser una especie de albéitares sin formación científica. Posteriormente, durante los siglos XVI y XVII el “arte de herrar” se fue embebiendo de algunos saberes médicos, de conocimientos más académicos, que favorecieron la aparición de unos profesionales que, sin olvidar las prácticas del herrado, crearon ámbitos científicos para la medicina animal. Así, como escribe López Pinero: “la asistencia meramente empírica de las enfermedades de los équidos fue desplazada por una medicina veterinaria, cuya práctica estaba basada en conocimientos científicos básicos y en una patología y una terapéutica sólidamente estructuradas”. Esto fue de tal manera que, durante esos siglos, la primitiva veterinaria que se hacía en España se convirtió en una actividad en la que muchos albéitares llegaron a tener un nivel intelectual similar al de otros profesionales liberales.

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