Se puede afirmar sin atenuantes que las mujeres, hasta casi después de la II Guerra Mundial, eran generalmente orientadas, por la familia y por la sociedad, a partes iguales, en una dirección distinta a la del estudio. Así, en 1923, en la Revista del Ateneo Científico Escolar —de los alumnos de Ciencias de la Universidad de Zaragoza—, Emilia Félez escribía: