Soldado del espíritu, el investigador defiende a su patria con el microscopio, la balanza, la retorta o el telescopio (Santiago Ramón y Cajal)

28 mayo, 2026

Francisco Hernández, un sabio en Nueva España (I)

 

Francisco Hernández nació en 1517 en la localidad toledana de Puebla de Montalbán y después de estudiar Medicina en la Universidad de Alcalá de Henares ejerció su profesión en Torrijos y en uno de los centros de más categoría médica de la España del siglo XVI, los hospitales del Monasterio de Guadalupe, en los que realizó disecciones de cadáveres. Hernández se codeó con lo más granado de la intelectualidad de la época, fuera científica o no.

Entre sus amistades figuran personalidades de gran nivel científico, técnico, artístico…; fueron amigos suyos el principal responsable de la revolución anatómica del Quinientos, el bruxelense Andrés Vesalio (1514-1565), y el "matemático mayor" de Felipe II, Juanelo Turriano (1500-1585), constructor que fue de la más significativa de las obras de ingeniería de su siglo: el famoso artificio para elevar agua del Tajo a la ciudad imperial; también cultivó la amistad de Juan de Herrera (ca.1530-1597), el más importante de los arquitectos de El Escorial, y del erudito y humanista extremeño Benito Arias Montano (1527-1598), hombre ocupado de casi todas las ramas del saber: derecho, filología, literatura, filosofía, historia, teología y las ciencias de la naturaleza. 


Al finalizar los años sesenta pasó a ser médico de su Majestad, pero su dedicación más importante, donde realizó sus aportaciones científicas de mayor nivel, fue la de naturalista: estudió la flora y fauna de ciertas comarcas andaluzas, se ocupó del jardín botánico de los hospitales de Guadalupe y de la naturaleza de algunas sierras extremeñas. Llegó a disecar animales: "Yo abriendo un camaleón, vi dentro de su vientre no sola una grande sarta de huevos, pero una tripa larga vacía que discurría por dentro dél", y asimismo realizó experimentos con ellos: "cortamos yo y Nicolás Vergara, arquitecto, pintor y escultor toledano excelente, a un perro los nervios reversivos y así le privamos totalmente del ladrido y voz." Quizás por todo esto fue por lo que el monarca español eligió al de la Puebla como director de la expedición que se iba a ocupar del estudio de la naturaleza de Nueva España. 


Asimismo, Hernández tradujo y realizó unos amplios y ajustados comentarios científicos en castellano a una de las obras más influyentes en el conocimiento de la naturaleza en el siglo XVI europeo, la Historia natural de Plinio. En este aspecto se nos muestra como un auténtico sabio renacentista, conocedor, obviamente, de la medicina, pero también de la botánica, zoología, mineralogía, geología, cosmografía, lenguas clásicas, etc. Además, como científico moderno que es, discute la supuestamente infalible autoridad de los sabios de la Antigüedad: "Mucho se engaña Plinio cuando dice que lleva la planta de la pimienta vainas semejantes a los de los frijoles, porque aquí a esta Nueva España se ha traído de la India la planta de la pimienta con grande perfección y no lleva vaina de ninguna manera, sino unos racimicos." 

Se había traspasado la primera mitad del siglo XVI y el contexto histórico nos muestra a un rey, Felipe II, que es el soberano de un vasto imperio que desconoce. Por ello, y por diferentes razones exclusivamente prácticas, de interés medicinal en concreto, dicta una orden personal para su protomédico. Felipe escribe:

"La orden que vos el doctor Francisco Hernández, nuestro médico, habéis de tener y guardar en el oficio de nuestro protomedicato general de las nuestras Indias, islas y Tierra Firme del Mar Océano en que os hemos proveído, y en aquellas cosas que se os competen tocantes a la historia de las cosas naturales que habéis de hacer en aquellas partes, es la siguiente: 'Primeramente, que en la primera flota que destos reinos partiese para la Nueva España os embarquéis y vais [a] aquella tierra primero…" 

Guadalupe

¿Qué debía hacer en el territorio americano? La orden, parcialmente transcrita antes, no deja lugar a dudas: tenía que preguntar a los médicos y en general de todas aquellas personas, españolas o indias, que supieran algo de las propiedades medicinales de las plantas de ese territorio americano; debía escribir una relación de los vegetales de uso medicinal, "de los lugares adonde nacen y cómo se cultivan, y si nacen en lugares secos o húmedos"; y tenía que informar sobre la forma de cultivarlos. También, tenía que corroborar, en la medida de lo posible, la veracidad de las informaciones que le dieran, y a buen seguro que ratificó la eficacia terapéutica de muchos vegetales mediante experimentos que realizó en enfermos del Hospital Real de indios, unas veces en su propia persona, lo que le pudo costar la vida, y otras en animales. Por último, Hernández tenía que enviar a la península Ibérica aquellos vegetales que no hubiera en España y, asimismo, debía redactar una Historia natural sobre ese territorio.

(...)

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