Francisco
Hernández nació en 1517 en la localidad toledana de Puebla de Montalbán y
después de estudiar Medicina en
Entre sus amistades figuran personalidades de gran nivel científico, técnico, artístico…; fueron amigos suyos el principal responsable de la revolución anatómica del Quinientos, el bruxelense Andrés Vesalio (1514-1565), y el "matemático mayor" de Felipe II, Juanelo Turriano (1500-1585), constructor que fue de la más significativa de las obras de ingeniería de su siglo: el famoso artificio para elevar agua del Tajo a la ciudad imperial; también cultivó la amistad de Juan de Herrera (ca.1530-1597), el más importante de los arquitectos de El Escorial, y del erudito y humanista extremeño Benito Arias Montano (1527-1598), hombre ocupado de casi todas las ramas del saber: derecho, filología, literatura, filosofía, historia, teología y las ciencias de la naturaleza.
Al
finalizar los años sesenta pasó a ser médico de su Majestad, pero su dedicación
más importante, donde realizó sus aportaciones científicas de mayor nivel, fue
la de naturalista: estudió la flora y fauna de ciertas comarcas andaluzas, se
ocupó del jardín botánico de los hospitales de Guadalupe y de la naturaleza de
algunas sierras extremeñas. Llegó a disecar animales: "Yo abriendo un
camaleón, vi dentro de su vientre no sola una grande sarta de huevos, pero una
tripa larga vacía que discurría por dentro dél", y asimismo realizó
experimentos con ellos: "cortamos yo y Nicolás Vergara, arquitecto, pintor
y escultor toledano excelente, a un perro los nervios reversivos y así le
privamos totalmente del ladrido y voz." Quizás por todo esto fue por lo
que el monarca español eligió al de
Asimismo,
Hernández tradujo y realizó unos amplios y ajustados comentarios científicos en
castellano a una de las obras más influyentes en el conocimiento de la
naturaleza en el siglo XVI europeo, la Historia
natural de Plinio. En este aspecto se nos muestra como un auténtico sabio
renacentista, conocedor, obviamente, de la medicina, pero también de la
botánica, zoología, mineralogía, geología, cosmografía, lenguas clásicas, etc.
Además, como científico moderno que es, discute la supuestamente infalible
autoridad de los sabios de
Se
había traspasado la primera mitad del siglo XVI y el contexto histórico nos
muestra a un rey, Felipe II, que es el soberano de un vasto imperio que
desconoce. Por ello, y por diferentes razones exclusivamente prácticas, de
interés medicinal en concreto, dicta una orden personal para su protomédico.
Felipe escribe:
"La
orden que vos el doctor Francisco Hernández, nuestro médico, habéis de tener y
guardar en el oficio de nuestro protomedicato general de las nuestras Indias,
islas y Tierra Firme del Mar Océano en que os hemos proveído, y en aquellas
cosas que se os competen tocantes a la historia de las cosas naturales que
habéis de hacer en aquellas partes, es la siguiente: 'Primeramente, que en la
primera flota que destos reinos partiese para Guadalupe
¿Qué
debía hacer en el territorio americano? La orden, parcialmente transcrita
antes, no deja lugar a dudas: tenía que preguntar a los médicos y en general de
todas aquellas personas, españolas o indias, que supieran algo de las propiedades
medicinales de las plantas de ese territorio americano; debía escribir una
relación de los vegetales de uso medicinal, "de los lugares adonde nacen y
cómo se cultivan, y si nacen en lugares secos o húmedos"; y tenía que
informar sobre la forma de cultivarlos. También, tenía que corroborar, en la
medida de lo posible, la veracidad de las informaciones que le dieran, y a buen
seguro que ratificó la eficacia terapéutica de muchos vegetales mediante
experimentos que realizó en enfermos del Hospital Real de indios, unas veces en
su propia persona, lo que le pudo costar la vida, y otras en animales. Por
último, Hernández tenía que enviar a la península Ibérica aquellos vegetales
que no hubiera en España y, asimismo, debía redactar una Historia natural sobre
ese territorio.


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