Ante las sandeces que se vienen escuchando últimamente a propósito del estropicio de toda condición que realizaron los españoles cuando llegaron al Nuevo mundo, y muy especialmente al actual territorio centroamericano, quiero acercarme a unos aspectos en relación con la ciencia que demuestran, en gran medida, la extraordinaria labor que realizaron nuestros antepasados cuando llegaron a las tierras allende el Atlántico.
No se trata de hacer una relación
exhaustiva de la extraordinaria labor que realizaron los españoles en las
tierras recién descubiertas. Esto ocuparía muchas páginas y sería contario a la
función de este blog.
Empezaremos, obviamente, con Hernán
Cortés (1485-1547). Este hidalgo extremeño —nacido en Medellín, en la actual provincia
de Badajoz—, hijo de hidalgos con pocos medios de fortuna, “de clara sangre y
próspera ventura”, redactó unas Cartas de
relación con el fin de informar a su rey, Carlos V, de los aconteceres de
su labor en el territorio americano. 
Tercera Carta de Relación
La lectura de estas Cartas nos da una perfecta idea de un Cortés al que le interesa lo
que está viendo, desde los matices más diferentes, y esta es la razón por la
que el extremeño entremezcla su narración al rey con informaciones de toda
condición, ya sean detalles militares relativos a las fortificaciones de las
ciudades, aspectos paisajísticos, geográficos, etnográficos, antropológicos,
etc.
En el territorio americano añora la patria
española y su tierra extremeña y en sus relatos utiliza casi invariablemente la
comparación cuando describe la naturaleza de los nuevos territorios: “hay en
esta tierra todo género de caza y animales y aves conforme a los de nuestra
naturaleza”, o cuando al hablar de la ciudad de Tizatlán dice que es “muy mayor
que Granada y muy más fuerte y de tan buenos edeficios y de muy mucha más gente
que Granada tenía al tiempo que se ganó y muy mejor abastecida de las cosas de
la tierra...”.
Es precisamente las similitudes que
encuentra entre la tierra americana y la española lo que le lleva a decir:
“me paresció que el más conveniente
nombre para esta dicha tierra era llamarse la Nueva España del Mar Océano, y
ansí en nombre de Vuestra Majestad se le puso aqueste nombre. Humillmente
suplico a Vuestra Alteza lo tenga por bien y mande que se nombre ansí”.
Cortés es el primer autor que informa a
Occidente de la existencia del cacao y nos dice que
“es una fruta como almendras que ellos
venden molida y tiénenla en tanto que se trata por moneda en toda la tierra y
con ella e compran todas las cosas nescesarias en los mercados y otras
partes...”.
Además, por él conocemos la primera
descripción del volcán Popocatépetl esto es, del cerro (tepetl) humeante (popoca)
que con más de cinco mil metros de altura está cubierto de nieves persistentes.
En 1499, o quizá en el año 1500, nacía
en el pueblo leonés de Sahagún de Campos el que iba a ser un excepcional
humanista y el primer investigador de la cultura de los indios mexicanos:
Bernardino de Sahagún, nombre que adoptó al ingresar en la orden franciscana
porque el natural era Francisco Rivera, o Ribeira.
Había estudiado en la Universidad de
Salamanca y en 1529 se embarcó para las tierras recién descubiertas y se dedicó
a la enseñanza y a la investigación. Instruyó a los indios y estudió y dominó el
idioma de mayor difusión entre los naturales, el náhuatl, lengua que llegó a
dominar.
Desde el punto de vista científico, la
obra por la que ha pasado a la posteridad es por la Historia general de las cosas de Nueva España, una enciclopedia de
tipo medieval, modificada por los conocimientos renacentistas y los de la
cultura náhuatl. Este texto es considerado un referente de la antropología
cultural moderna, hecho por el cual Bernardino de Sahagún es también calificado
como Padre de la investigación antropológica americana y pionero de la
antropología. La obra trata sobre las creencias y costumbres de los indígenas; sobre
la naturaleza mexicana en sus ámbitos botánico, zoológico y mineralógico; sobre
retórica, astrología, filosofía moral, etcétera.
En 1505 nacía en Sevilla una de las
figuras más importantes de la cosmografía de la época: Alonso de Santa Cruz, un
sabio que abarcó muchos aspectos de los saberes relacionados con el
conocimiento del orbe: astronomía, cartografía, geografía, crónicas, etcétera. 
Mapa de México de Alonso de Santa Cruz
Por sus obras geográficas Santa Cruz es
considerado uno de los grandes geógrafos de su tiempo. Escribió una Geografía universal y unas Instrucciones para descubridores, pero
su obra más importante es el Islario
general, con un mapamundi en ocho hojas y una cartografía de más de cien
islas conocidas entonces, amén de las ciudades de México, y otras no americanas
como Venecia y Cádiz. 
Estatua del Francisco de Tembleque
Podemos afirmar que los ingenieros
especialistas no fueron al Nuevo Mundo porque los viajes a través del Atlántico
no eran especialmente confortables y tranquilos. La escasez de ellos en los
nuevos territorios hizo que muchos españoles, desconocedores de los rudimentos
de la construcción trabajaran de simples operarios, lo que le ocurrió al mismo
Cortés. Por otra parte, muchos miembros de la Iglesia aportaron a la
construcción una mano de obra barata ya que muchos clérigos, misioneros en los
nuevos territorios, complementaron su labor con obras de ingeniería de gran
importancia.
En efecto, participaron en el diseño y
construcción de iglesias, molinos, colegios, establos, etc. y, muy
especialmente, destacaron de forma sobresaliente en la gestión hidráulica. Así,
por poner un ejemplo extraordinario, el fraile franciscano Francisco de
Tembleque, en 1545, inició la construcción hidráulica más importante de América
en el siglo XVI, obra que finalizó en 1563. Se trata de un acueducto levantado
con la única ayuda de los indígenas, con una longitud de 39,8 kilómetros y que
conducía el agua desde la actual población de Otumba a la de Zempoala. La
altura de los arcos más grandes es la mayor de los que se levantaron desde el
Imperio Romano. En la actualidad es una obra que causa admiración (en internet
se puede encontrar como el “Acueducto del Padre Tembleque”) y forma parte del
Patrimonio Mundial de la UNESCO.
También hay que recordar el
impresionante trabajo que realizó en Nueva España Francisco Hernández, al que
he dedicado recientemente dos entradas en este blog.
Continuará
No hay comentarios:
Publicar un comentario