Soldado del espíritu, el investigador defiende a su patria con el microscopio, la balanza, la retorta o el telescopio (Santiago Ramón y Cajal)

26 junio, 2026

Los inicios de las especialidades médicas en España

 

Hasta los últimos años del siglo XIX no aparecen en el mundo occidental las especialidades médicas y, de manera general, se puede afirmar que no hay médicos especialistas, aunque haya algunos profesionales que se dedican un poco más a alguna faceta de la medicina.

Las especialidades son el resultado de la interacción entre aspectos técnicos, científicos, sociales, económicos, demográficos, etc. Es evidente que el avance en los conocimientos científicos, la creación de nuevos aparatos, el incremento de la población en determinados núcleos y el mayor poder adquisitivo de los pacientes son algunos de los numerosos factores que tuvieron mucho que ver en el hecho de que los médicos se fueran poco a poco dedicando a tratar asuntos médicos relacionados con un determinado aparato anatómico, un órgano de los sentidos o una alteración fisiológica concreta.

En las dos primeras décadas del siglo XX se produce una eclosión de las especialidades que también son consecuencia del incremento de los saberes científicos en diferentes disciplinas biológicas o químicas básicas como la fisiología, microbiología, bioquímica, química orgánica, etcétera.

Revista de Especialidades Médicas

El médico Rafael María Forns Romans (1868-1939), uno de los pioneros de la otorrinolaringología española, escribió el 1 de julio de 1908, en la Revista de Especialidades Médicas que dirigía, un artículo muy crítico sobre los especialistas que con el título “Yo quiero se especialista” y firmado por “El Bachiller Hablaclaro” decía:

“¿Cómo no? Concluida la carrera, visto que no sé nada de nada, lo más natural ha de ser, entre aprenderlo todo o no aprender más que algo, resolverme por el menor esfuerzo. Además, la experiencia me enseña que en todas las grandes ciudades los especialistas son los que ganan más. No cabe duda. Hay que hacerse especialista. Esta reflexión se hacen a diario los jóvenes que disponen de algún capital, al terminar sus estudios; pues sabido es que para ser especialista lo primero que se necesita es comprar el instrumental necesario, hacer un viaje, aunque sea muy breve, por el extranjero, y establecerse con lujo, habiendo aprendido, si acaso, unas cuantas fórmulas de éste o de aquél médicos acreditados en el ramo. Estudiar ya es otra cosa. Con la práctica se va aprendiendo; y siempre será más fácil acertar con una enfermedad de los ojos, cuando el enfermo viene a casa sabiendo que soy oculista, que adivinar lo que padece cuando supone que lo sé todo. No hay nada como cultivar una especialidad. ‘Decididamente, yo quiero ser especialista’. Esto oyó, hace pocos días,

El Bachiller Hablaclaro

El guipuzcoano Juan Madinaveitia Ortiz de Zárate (1861-1938), fue un adelantado de la gastroenterología española, creó una escuela de esta especialidad en la que sus discípulos fundaron  el Instituto de Patología Digestiva,  dedicado al estudio y enseñanza de las patologías digestivas, nutricionales y endocrinológicas. Maestro de Gregorio Marañón, fue calificado por él como un “santo laico” (era un anarquista teórico) y "uno de los grandes maestros de la Medicina contemporánea". 

Juan Madinaveitia

En España la oftalmología siempre ha tenido cierto predicamento y los profesionales de esta especialidad han sido reconocidos en muchos ámbitos científicos. Antes del siglo XX el médico venezolano Francisco Delgado Jugo (1830-1875), afincado en España, fue director desde 1872 del Instituto Oftálmico y el gaditano Cayetano del Toro y Quartiellers (1842-1915), en 1871, fundó la primera revista española de la especialidad, Crónica Oftalmológica,  más tarde declarada órgano oficial del Instituto Oftalmológico de Madrid; del Toro fue autor del Tratado teórico-práctico de enfermedades de los ojos y sus accesorios (1867) y del Ensayo oftalmológico: manual de enfermedades de los ojos, libro que fue traducido a varios idiomas y que tuvo una importante difusión internacional. En la España de los primeros años del siglo XX también destacó el matrimonio de oftalmólogos que formaron Manuel Márquez y Trinidad Arroyo. 

Manuel Márquez Rodríguez (1872-1962), nacido en Villaseca de la Sagra (Toledo), fue catedrático de Terapéutica y, además de publicar trabajos de oftalmología en prestigiosas revistas nacionales e internacionales y de traducir algún texto de esta especialidad, escribió libros que le granjearon una gran fama. Casó con la palentina Trinidad Arroyo Villaverde (1872-1959) con la que compartió su vida durante más de cincuenta años. En la dedicatoria de uno de sus libros Manuel escribe: “A mi mujer, la doctora Trinidad Arroyo, mi condiscípula y amiga primero; mi primer maestro de Clínica Oftalmológica hacia la que despertó mis aficiones, después; mi inteligente colaboradora y sensata consejera siempre, dedico estas lecciones”. 

Fermín Muñoz Urra

Otro especialista ocular importante fue Fermín Muñoz Urra (1893-1923). Nacido en la localidad toledana de Talavera de la Reina, había empezado una carrera brillante en la oftalmología  pero su muerte prematura impidió que desplegara su potencial científico.

En el siglo XIX, en la ginecología hay que recordar al santanderino Eugenio Gutiérrez González (1851-1914), considerado por algunos como el fundador de esta especialidad en España y que durante treinta y cuatro años fue titular del Servicio de Ginecología del Instituto Rubio —más específicamente  denominado  Instituto de Terapéutica Operatoria—, creado en 1880  en el Hospital de la Princesa de Madrid a semejanza de otros centros europeos de esta especie.  Además, hay que citar a Miguel  Fargas Roca (1858-1916), de Castelltersol (Barcelona), autor de un importante Tratado de Ginecología (1903) reeditado varias veces. Más reciente es el valenciano Enrique López Sancho (1862-1945), uno de los primeros ginecólogos que empleó la raquianestesia en las laparotomías y autor de un texto de gran difusión en su época: Tratado de Ginecología general clínica (1924).

En España, la especialidad de otorrinolaringología hunde sus raíces en un hombre del siglo XIX: el médico astigitano Rafael Ariza y Espejo (1826-1887), al que la mayor parte de los autores consideran el padre de esta especialidad en nuestro país a partir de creación, en 1876, de la Revista de Laringología y Otoscopia, en el ya citado Instituto de Terapéutica Operatoria. Después hay que destacar a Rafael María Forns Romans (1868-1939); nacido en Cuevas de Vinromá (Castellón), brilló en esta especialidad en el periodo de entre siglos.  Escribe  con el pseudónimo de “El Bachiller Hablaclaro”, que ya vimos, y polemiza con artículos de diversa índole. 

Finalmente, uno de los primeros españoles que se interesó por los temas endocrinos fue el fisiólogo malagueño José Gómez Ocaña (1860-1919), que realizó varias investigaciones sobre el tiroides. En el siglo XX una persona importante en esta especialidad es el coruñés Roberto Nóvoa Santos (1885-1933), que se ocupó de muchas facetas médicas pero que realizó sugestivos trabajos endocrinológicos. Catedrático de Patología General desde 1924, se interesó por la diabetes y su tratamiento. El profesor Nóvoa Santos es una figura muy significativa dentro de la llamada, por Sánchez Granjel, “generación Marañón”.

 


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