Hasta los últimos años del siglo XIX no aparecen en el mundo occidental las especialidades médicas y, de manera general, se puede afirmar que no hay médicos especialistas, aunque haya algunos profesionales que se dedican un poco más a alguna faceta de la medicina.
Las especialidades son el resultado de
la interacción entre aspectos técnicos, científicos, sociales, económicos,
demográficos, etc. Es evidente que el avance en los conocimientos científicos,
la creación de nuevos aparatos, el incremento de la población en determinados
núcleos y el mayor poder adquisitivo de los pacientes son algunos de los
numerosos factores que tuvieron mucho que ver en el hecho de que los médicos se
fueran poco a poco dedicando a tratar asuntos médicos relacionados con un
determinado aparato anatómico, un órgano de los sentidos o una alteración
fisiológica concreta.
En las dos primeras décadas del siglo XX
se produce una eclosión de las especialidades que también son consecuencia del
incremento de los saberes científicos en diferentes disciplinas biológicas o
químicas básicas como la fisiología, microbiología, bioquímica, química
orgánica, etcétera.
Revista de Especialidades Médicas
El médico Rafael María Forns Romans (1868-1939),
uno de los pioneros de la otorrinolaringología española, escribió el 1 de julio
de 1908, en la Revista de Especialidades
Médicas que dirigía, un artículo muy crítico sobre los especialistas que
con el título “Yo quiero se especialista” y firmado por “El Bachiller
Hablaclaro” decía:
“¿Cómo no? Concluida la carrera, visto
que no sé nada de nada, lo más natural ha de ser, entre aprenderlo todo o no
aprender más que algo, resolverme por el menor esfuerzo. Además, la experiencia
me enseña que en todas las grandes ciudades los especialistas son los que ganan
más. No cabe duda. Hay que hacerse especialista. Esta reflexión se hacen a
diario los jóvenes que disponen de algún capital, al terminar sus estudios;
pues sabido es que para ser especialista lo primero que se necesita es comprar
el instrumental necesario, hacer un viaje, aunque sea muy breve, por el
extranjero, y establecerse con lujo, habiendo aprendido, si acaso, unas cuantas
fórmulas de éste o de aquél médicos acreditados en el ramo. Estudiar ya es otra
cosa. Con la práctica se va aprendiendo; y siempre será más fácil acertar con
una enfermedad de los ojos, cuando el enfermo viene a casa sabiendo que soy
oculista, que adivinar lo que padece cuando supone que lo sé todo. No hay nada
como cultivar una especialidad. ‘Decididamente, yo quiero ser especialista’.
Esto oyó, hace pocos días,
El Bachiller Hablaclaro”
El guipuzcoano Juan Madinaveitia Ortiz
de Zárate (1861-1938), fue un adelantado de la gastroenterología española, creó
una escuela de esta especialidad en la que sus discípulos fundaron el Instituto de Patología Digestiva, dedicado al estudio y enseñanza de las
patologías digestivas, nutricionales y endocrinológicas. Maestro de Gregorio
Marañón, fue calificado por él como un “santo laico” (era un anarquista
teórico) y "uno de los grandes maestros de la Medicina
contemporánea". Juan Madinaveitia
En España la oftalmología siempre ha
tenido cierto predicamento y los profesionales de esta especialidad han sido
reconocidos en muchos ámbitos científicos. Antes del siglo XX el médico
venezolano Francisco Delgado Jugo (1830-1875), afincado en España, fue director
desde 1872 del Instituto Oftálmico y el gaditano Cayetano del Toro y
Quartiellers (1842-1915), en 1871, fundó la primera revista española de la
especialidad, Crónica Oftalmológica, más tarde declarada órgano oficial del
Instituto Oftalmológico de Madrid; del Toro fue autor del Tratado teórico-práctico de enfermedades de los ojos y sus accesorios (1867)
y del Ensayo oftalmológico: manual de
enfermedades de los ojos, libro que fue traducido a varios idiomas y que
tuvo una importante difusión internacional. En la España de los primeros años
del siglo XX también destacó el matrimonio de oftalmólogos que formaron Manuel
Márquez y Trinidad Arroyo.
Manuel Márquez Rodríguez (1872-1962), nacido en Villaseca de la Sagra (Toledo), fue catedrático de Terapéutica y, además de publicar trabajos de oftalmología en prestigiosas revistas nacionales e internacionales y de traducir algún texto de esta especialidad, escribió libros que le granjearon una gran fama. Casó con la palentina Trinidad Arroyo Villaverde (1872-1959) con la que compartió su vida durante más de cincuenta años. En la dedicatoria de uno de sus libros Manuel escribe: “A mi mujer, la doctora Trinidad Arroyo, mi condiscípula y amiga primero; mi primer maestro de Clínica Oftalmológica hacia la que despertó mis aficiones, después; mi inteligente colaboradora y sensata consejera siempre, dedico estas lecciones”.
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| Fermín Muñoz Urra |
Otro especialista ocular importante fue
Fermín Muñoz Urra (1893-1923). Nacido en la localidad toledana de Talavera de
la Reina, había empezado una carrera brillante en la oftalmología pero su muerte prematura impidió que
desplegara su potencial científico.
En el siglo XIX, en la ginecología hay
que recordar al santanderino Eugenio Gutiérrez González (1851-1914),
considerado por algunos como el fundador de esta especialidad en España y que
durante treinta y cuatro años fue titular del Servicio de Ginecología del
Instituto Rubio —más específicamente
denominado Instituto de
Terapéutica Operatoria—, creado en 1880
en el Hospital de la Princesa de Madrid a semejanza de otros centros
europeos de esta especie. Además, hay
que citar a Miguel Fargas Roca
(1858-1916), de Castelltersol (Barcelona), autor de un importante Tratado de Ginecología (1903) reeditado
varias veces. Más reciente es el valenciano Enrique López Sancho (1862-1945),
uno de los primeros ginecólogos que empleó la raquianestesia en las
laparotomías y autor de un texto de gran difusión en su época: Tratado de Ginecología general clínica
(1924).
En España, la especialidad de
otorrinolaringología hunde sus raíces en un hombre del siglo XIX: el médico
astigitano Rafael Ariza y Espejo (1826-1887), al que la mayor parte de los
autores consideran el padre de esta especialidad en nuestro país a partir de
creación, en 1876, de la Revista de
Laringología y Otoscopia, en el ya citado Instituto de Terapéutica
Operatoria. Después hay que destacar a Rafael María Forns Romans (1868-1939);
nacido en Cuevas de Vinromá (Castellón), brilló en esta especialidad en el
periodo de entre siglos. Escribe con el pseudónimo de “El Bachiller
Hablaclaro”, que ya vimos, y polemiza con artículos de diversa índole.
Finalmente, uno de los primeros
españoles que se interesó por los temas endocrinos fue el fisiólogo malagueño
José Gómez Ocaña (1860-1919), que realizó varias investigaciones sobre el
tiroides. En el siglo XX una persona importante en esta especialidad es el
coruñés Roberto Nóvoa Santos (1885-1933), que se ocupó de muchas facetas
médicas pero que realizó sugestivos trabajos endocrinológicos. Catedrático de
Patología General desde 1924, se interesó por la diabetes y su tratamiento. El
profesor Nóvoa Santos es una figura muy significativa dentro de la llamada, por
Sánchez Granjel, “generación Marañón”.

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