Soldado del espíritu, el investigador defiende a su patria con el microscopio, la balanza, la retorta o el telescopio (Santiago Ramón y Cajal)

07 noviembre, 2026

Salvador Dalí y la ciencia


A veces un hombre del arte es capaz de captar los mensajes de una teoría científica y expresarlos con su pincel, su música o su literatura. En el mundo de la pintura española del siglo XX hubo una figura que se sintió atraída por la ciencia en alguna de sus facetas y el resultado fue plasmado en parte de sus obras. Me estoy refiriendo al artista de Figueras Salvador Dalí i Domènech, ​marqués de Dalí de Púbol (1904-1989).

Dalí era una persona extravagante donde la lógica se entremezclaba con el delirio y la bufonada y al que fascinaba llamar la atención. No obstante era un buen lector de libros de asuntos científicos, fueran estos de matemática, física, biología, psicología, etc. y en los de su biblioteca aparecen numerosas anotaciones realizadas por él. 

Su relación con la ciencia siempre fue muy grande de manera que le dijo al bioquímico  español Joan Oró i Florensa (1923-2004): “Los acontecimientos científicos son los únicos que guían mi imaginación”. Una frase que se puede añadir a muchas otras sobre este asunto: “Los pensadores y literatos no me aportan absolutamente nada. Los científicos, todo, incluso la inmortalidad del alma”; también dijo que él que era como un pez que nada entre “las frías aguas del arte y las aguas calientes de la ciencia”.

Dalí, un hombre que desde muy pronto se relacionó con las vanguardias del surrealismo; Max Ernst, Yves Tanguy, René Magritte y otros y que, en 1929, con Luis Buñuel realiza la primera gran película del surrealismo, El perro andaluz, referencia obligada de este movimiento, estuvo siempre muy cerca de la ciencia. La influencia de la ciencia se observa en gran parte de su obra y a lo largo de toda su vida. La óptica de la que se ocupa en varios de sus lienzos: Durmiente, caballo, león invisibles (1930), El enigma sin fin (1938), etc.; también el psicoanálisis: El Gran Masturbador (1929), La Persistencia de la Memoria (1931) y muchos más. 

El enigma sin fin

Dalí utiliza un método que denomina “paranoico-crítico” fundamentado en el delirio y quiere ponerse en contacto con el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud. Dalí cuenta:

 “Varios años después de mi último intento ineficaz de verme con Freud, hice una excursión gastronómica por la región de Sens, en Francia. Empezamos la comida con caracoles, uno de mis platos favoritos. La conversación recayó en Edgar Allan Poe, magnífico tema para acompañar el paladeo de los caracoles, y trató especialmente de un libro, recién publicado, de la princesa de Grecia, Marie Bonaparte, que es un estudio psicoanalítico de Poe. De pronto vi una fotografía del profesor Freud en la primera página de un periódico que alguien estaba leyendo junto a mí. Inmediatamente me hice traer el ejemplar y leí que el desterrado Freud acababa de llegar a París. No nos habíamos repuesto del efecto de esta noticia cuando lancé un grito. ¡En aquel mismo instante había descubierto el secreto morfológico de Freud! ¡El cráneo de Freud es un caracol! Su cerebro tiene la forma de una espiral, ¡que hay que sacar con una aguja!”.

Años después, en 1938, a través del escritor Stefan Zweig se puso en contacto con el padre del psicoanálisis en su casa londinense. En la reunión están Zweig y el pintor Edward James, que ha llevado una obra comprada a Dalí: Metamorfosis de Narciso (1937), un óleo sobre lienzo del periodo paranoico-crítico. El lienzo es comentado por Freud de la siguiente manera: “...en la pintura de los maestros antiguos la tendencia es ir a buscar inmediatamente el inconsciente, mientras que en los cuadros surrealistas lo que se busca de manera inmediata es el consciente”. Dalí cuenta que se enfadó con Freud porque no quiso leer las páginas que había escrito sobre el método paranoico-crítico. Después, el psicoanalista escribió al escritor una carta en la que definía al de Figueras como un español fanático.

Metamorfosis de Narciso

Más tarde orienta su pintura hacia los avances en física nuclear.  Después de la II Guerra Mundial lee a científicos de la talla de Schrödinger, Broglie, Heisenberg,  etc. y empieza una época que denomina “mística nuclear”; escribe: “Mi padre ya no es Freud, es Heisenberg”.

La física cuántica  fue la inspiración que le llevó a pintar Mercado de esclavos con la aparición del rostro de Voltaire (1940), entre otras obras; las teorías atómica y nuclear tuvieron su lugar en obras como Idilio atómico y uránico melancólico (1945), Leda atómica (1949), etc.

En 1958 Dalí realiza una exposición en la galería Carstairs de Nueva York y en su catálogo escribe un texto que titula “Manifiesto antimateria”, en el que se lee: “Estoy estudiando; quiero encontrar la manera de transportar mis obras a la antimateria. Se trata de la aplicación de una nueva ecuación formulada por el doctor Werner Heisenberg (...) Esta es la razón de que yo, que sólo admiraba a Dalí, comience a admirar a este Heisenberg que se parece a mí”. Después pinta su Assumpta corpuscularia lapislazulina (1952), Santo rodeado de tres mesones pi (1956), etc.

En la década de los sesenta la investigación científica vira desde la física nuclear hacia la bioquímica y es el ácido desoxirribonucleico el que acapara su atención. En 1963 había pintado un cuadro sobre esta molécula, tan trascendental para la ciencia en general y las disciplinas biomédicas en particular, que tituló Galacidalacidesoxyribonucleicacid, en el que fusionaba el nombre de su amada Gala y el del ADN. Dos años más tarde, James D. Watson, uno de los descubridores de la estructura de este ácido nucleico y Premio Nobel en 1962, pasa delante del hotel St. Regis de Nueva York, donde reside algunos meses del año el pintor ampurdanés; entra y escribe una nota con el siguiente contenido: “La segunda persona más brillante del mundo quiere conocer a la más brillante”. A los pocos minutos están hablando los artistas del pincel y de la ciencia. 

Galacidalacidesoxyribonucleicacid

El bioquímico Juan Oró  recuerda un curioso episodio que le sucedió con el genial pintor en 1975. Le encargó a Dalí un póster para el Simposio Internacional que conmemoraba el 70 aniversario de Severo Ochoa. Oró visita a Dalí en el hotel Ritz de Barcelona, donde está alojado, porque desea una dedicatoria para el libro del simposio. Dalí le dice: “Vaya apuntando lo que le digo”. Y Oró comentó después: “En cuestión de minutos, Dalí había creado una maravillosa reflexión en torno al avance científico de las ciencias del ADN que tan sólo podría pensar un genio, con un conocimiento científico y un sentimiento artístico muy profundo”. La reflexión era:

 “Dios no juega a los dados, escribió Albert Einstein mucho antes del descubrimiento de la escala del ADN en los escalones de la cual viajan los ángeles en el sueño de Jacob que tuve la noche antes de pintar aquella escalera para Severo Ochoa, y que simbolizan los mensajeros genéticos de moléculas de nucleótidos sintetizados por primera vez en el laboratorio de Severo Ochoa. Aunque no sea científico debo confesar que los acontecimientos científicos son los únicos que guían mi imaginación, al mismo tiempo que ilustran las intuiciones poéticas de los filósofos tradicionales hasta el punto de conseguir una belleza deslumbrante de determinadas estructuras matemáticas y de aquellos momentos sublimes de abstracción que vistos a través de un microscopio electrónico aparecen como virus de forma poliédrica, confirmando lo que Platón dijo: “Dios siempre hace geometría”.

Finalmente, la estereoscopía se encuentra en obras como Dalí de espaldas pintando a gala de espaldas eternizada por seis córneas virtuales provisionalmente reflejadas por seis espejos verdaderos (1973); y la teoría de catástrofes le llevó a pintar Tratado de escritura catastroteiforme (1982) y El rapto topológico de Europa. Homenaje a René Thorm (1983).

Dalí de espaldas pintando a gala de espaldas eternizada por seis
córneas virtuales provisionalmente reflejadas por seis espejos verdaderos
 


 


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