Hasta los años de juventud del madrileño Andrés Manuel del Río y Fernández (1764-1849) nadie podía sospechar la dirección de un adolescente que había destacado en latinidad y griego en el Real Colegio de San Isidro y que a los dieciséis años se había graduado de Bachiller en Teología por la Universidad de Alcalá de Henares.