Desde hace mucho tiempo, al menos desde el siglo XVII, cuando un científico quiere dejar constancia de sus descubrimientos y aportaciones a la ciencia lo hace escribiendo un artículo en una revista que podrá ser leída por el mundo científico y, consecuentemente, su trabajo será sometido a discusión y juicio de otros. Esta es la principal forma de validar o refutar el trabajo intelectual de las personas que realizan investigaciones científicas.
Soldado del espíritu, el investigador defiende a su patria con el microscopio, la balanza, la retorta o el telescopio
(Santiago Ramón y Cajal)
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10 junio, 2017
28 junio, 2012
Ciencia, revista del exilio científico español
Después de la Guerra Civil
(1936-1939) muchos científicos españoles se dirigen a diversos países
americanos: Colombia, Venezuela, Argentina, Estados Unidos, etc., pero la
política de México actuó de imán de muchos de los exiliados y así, un buen
número de científicos fijó su residencia en ese país centroamericano.
El 1 de marzo de 1940 ve la luz en
México el primer número de la revista Ciencia,
una publicación se subtitulaba “Revista hispano-americana de ciencias puras y
aplicadas”. La presentación de la misma la realizaba el insigne naturalista
Ignacio Bolívar Urrutia (1850-1944), y en ella se indicaba la finalidad de la
misma: “difundir el conocimiento de las Ciencias físico-naturales y exactas y
sus múltiples aplicaciones, por considerarlas como una de las principales bases
de la cultura pública, para lo que procurará, por todos los medios a su
alcance, aumentar el interés hacia su estudio en los países hispano-americanos”.
La revista se publica hasta 1975:
un total de 29 volúmenes que aparecen mensualmente (los veinte primeros) y
bimensualmente, el resto.
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