Soldado del espíritu, el investigador defiende a su patria con el microscopio, la balanza, la retorta o el telescopio (Santiago Ramón y Cajal)
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03 marzo, 2014

Elucubraciones sobre Máximo Manso

El amigo manso (1882) pasa por ser una de las más dulces novelas de Benito Pérez Galdós y, en verdad, las peripecias de este hombre soñador y bueno, Máximo Manso, merecen varias lecturas. El asturiano, de Cangas de Onís, Máximo Manso había emigrado a la capital de España para realizar sus estudios universitarios. Y en Madrid vivió bajo el amparo materno durante más de dos lustros. Manso se doctoró en dos facultades (probablemente Derecho y Filosofía) y ganó por oposición la cátedra del Instituto del Cardenal Cisneros, de Madrid, “de una eminente asignatura”: Filosofía

29 marzo, 2011

Quevedo y la alquimia

Entre todas las disciplinas herméticas la alquimia era considerada la más digna, la más noble: el alquimista tenía algún poder muy especial: era capaz de “crear” sustancias a partir de otras; importantes personalidades se sintieron atraídas por los quehaceres alquímicos: Carrillo, arzobispo de Toledo, gastó mucho dinero en quehaceres alquímicos, Felipe II fue un entusiasta de la alquimia y, más tarde, Felipe IV también recurrió a estos saberes.
A pesar de todo la alquimia y los alquimistas siempre tuvieron una mala reputación. En el Sueño del Infierno, de Francisco de Quevedo (1580-1645), podemos leer a Paracelso “quejándose del tiempo que había gastado en la alquimia” y a Hubequer (Joannes J. Weckerus), descrito como “el pordiosero, vestido de los andrajos de cuantos escribieron mentiras y desvergüenzas, hechizos y supersticiones...” Además, Quevedo, personalidad que no se distinguió en modo alguno por el aprecio a sus semejantes, fue extraordinariamente corrosivo con la alquimia y sus practicantes; en el Libro de todas las cosas y otras muchas más podemos leer un fragmento muy gracioso en el que se burla de la profesión y del lenguaje críptico que muchos utilizaban:
“Y si quisieras ser autor de libro de Alquimia, haz lo que han hecho todos, que es fácil, escribiendo jerigonza: "Recibe el rubio y mátale, y resucítale en el negro. ltem, tras el rubio toma a lo de abajo y súbelo, y baja lo de arriba, y júntalos, y tendrás lo de arriba'. Y para que veas si tiene dificultad el hacer la piedra filosofal, advierte que lo primero que has de hacer es tomar el sol, y esto es dificultoso por estar tan lejos."