Jerónimo de Ayanz y Beaumont forma parte de ese amplísimo grupo de españoles que son desconocidos por la mayoría de nuestros compatriotas. Un hombre extraordinariamente polifacético que además de ingeniero era científico, pintor, cantante, compositor y, además, un magnífico inventor que registró patentes, entonces conocidas como privilegios de invención. Así, en una Cédula Real, de 1 de septiembre de 1606, firmada por Felipe III, se da a Jerónimo de Ayanz privilegio para disfrutar del derecho exclusivo de hasta cincuenta invenciones.