Soldado del espíritu, el investigador defiende a su patria con el microscopio, la balanza, la retorta o el telescopio (Santiago Ramón y Cajal)

11 junio, 2026

Francisco Hernández, un sabio en Nueva España (y II)


Francisco Hernández fue, por consiguiente, el director de una expedición en la que participaron también su hijo mayor Juan, el cosmógrafo Francisco Domínguez, varios dibujantes, escribientes, algunos curanderos indígenas, mozos de mulas, etc. La expedición, nacida por los deseos de Felipe II, es considerada como la primera que, con carácter científico, se realiza en el mundo de la Edad Moderna.

Los viajeros partieron de Sevilla en agosto de 1570, y después de seis meses de travesía, donde hicieron escalas en Gran Canaria, Santo Domingo y Cuba, llegaron a Veracruz en febrero del año siguiente.

Dos grandes etapas marcan el periodo americano del trabajo científico: durante los tres primeros años Francisco Hernández recorrió casi todos los territorios de Nueva España; el resto de su estancia en América, hasta su regreso a la península en 1577, residió en la ciudad de México ocupado en ordenar los materiales recopilados, realizar experimentos sobre las propiedades terapéuticas de los vegetales y redactar una historia natural de ese territorio.

Mapa de Nueva España de José Antonio Alzate y Ramírez ( 1737-1799)

El resultado de muchos años de trabajo fue un espléndido compendio de una gran cantidad de información científica, no sólo de botánica medicinal, sobre la historia natural de esos territorios. Pero había un pequeño inconveniente en el hecho de que la impresionante labor se alejaba, en parte, de los deseos regios. A Su Majestad le fueron entregadas plantas vivas, simientes, raíces, herbarios, pieles, plumas, animales disecados, minerales, pinturas de animales y vegetales y treinta y ocho volúmenes con textos y dibujos. Hernández quería transcribir toda la información que poseía sobre toda la naturaleza que había estudiado y por ello manifestó su disgusto con la idea real, exclusivamente práctica, de escribir un manual de fármacos.

Hernández dejó sus manuscritos en la biblioteca de El Escorial: cuatro volúmenes escritos en latín, once libros de láminas coloreadas, algunas de las cuales colgó el monarca en su habitaciones, varios de herbarios y un índice. De los cuatro libros escritos, tres estaban dedicados al mundo vegetal y uno a vegetales y animales. En total había más de tres mil capítulos, 2.911 dedicados a vegetales, 410 a animales y 14 a minerales y en cada uno de ellos se ocupaba de una especie vegetal, animal o mineral aunque, en algún caso, describió grupos de plantas.

Francisco Hernández se dio perfecta cuenta de la importancia de su labor y desde un primer momento puso sus esperanzas en que las descripciones  de la naturaleza mejicana llegaran a todos los ambientes. El toledano era un auténtico sabio en el sentido más adecuado del térmico: deseaba difundir el conocimiento por ser saber, independientemente de su primera utilidad. Quiere que su obra se escriba en latín, para los hombres de ciencia europeos, desea hacerlo en castellano para sus compatriotas y en náhuatl para los indígenas americanos. De los treinta y ocho volúmenes había tres escritos en la lengua de los indios. Cuando sólo había realizado la descripción de ochocientas plantas, en latín y en romance, escribió a Felipe II:
"Y entiendo será tan grande empresa que ni habrá necesidad de traer a las Indias medicinas de España ni a España de Alexandría, y que no sólo alegrará al mundo, más le espantará y dará a V.M. más nombre y eternidad de fama que han dado a muchos príncipes pasados sus victorias y imperio: porque si a Alexandro dio tanto nombre escribir Aristóteles por su mandado lo de esas partes, qué dará a V.M. tanto número de cosas, y aún digo poco, nacidas en sus propias tierras y de muy admirables virtudes, las cuales veo, toco, experimento, dibujo y clara y distintamente escribo en castellano y en estilo no desagradable y voy apercibiendo para que se transfieran a España."
Hernández es consciente del interés de su labor por lo que desea "escribir algo que también aprovechase a los que viven en regiones apartadas y a algunos de los que en los siglos venideros nos tienen que suceder." Su mentalidad, abierta desde el punto de vista científico, no le lleva a despreciar los conocimientos médicos y farmacológicos de los naturales de Nueva España y aunque cree que la ciencia europea es mejor que la americana, es capaz de aceptar la posibilidad del error. 


La obra de Hernández no fue publicada en la vida de su autor, pero tuvo una gran influencia en los ambientes científicos de su tiempo. En 1580 los manuscritos del naturalista fueron entregados a un médico napolitano llamado Nardo Antonio Recchi, médico de cámara de Su Majestad, para que realizara una selección y recopilación. Por tanto, tenía que "ver lo que trajo escrito de
la Nueva España el doctor Francisco Hernández y concertarlo y ponerlo en orden para que se siga utilidad y provecho dello y advertir y enseñar a los otros médicos de nuestra casa en lo que tocare a esta facultad para la necesidad que hay dello…"
El caso es que el napolitano carecía de formación naturalista y, además, tenía una mentalidad utilitaria que chocaba con una más moderna y, sin lugar a dudas, más científica del español. Recchi escribe: "Y viendo su majestad que esta obra apenas tenía utilidad para ayudar a la sanidad pública, ya porque la mayor parte de lo que allí se contenía no servía para la práctica médica, ya porque otra parte había sido referida confusa, incompleta y desordenadamente, finalmente me ordenó sólo a mí entre sus médicos, que revisase esta obra y la enfocara para utilidad médica."
La decepción del expedicionario con su rey y con Recchi fue enorme. Por un lado estaba molesto con la orientación exclusivamente práctica que se quería dar a su trabajo, lo que sin duda alguna iba a mutilar la esencia de su labor, y por otro se mostraba disgustado por el hecho de que la obra se le hubiera asignado a alguien desconocedor de la naturaleza americana, a una persona que no había puesto pie alguno en el Nuevo Mundo. Enormemente irritado escribió: "Hay quienes ladran a mis espaldas y derraman venenos, envidiosos, e intentan condenar mis inocuos trabajos que no han visto ni, leyendo, los han percibido; serpientes indignas de que las tierra las cubra, o la turba los oiga con su criminal boca soplando." 

Sin embargo, el napolitano no le hizo ascos al mandato regio y la obra de Hernández fue resumida en cuatro libros con un total de 516 capítulos; son los Cuatro libros sobre temas médicos de la Nueva España, recogidos por mandato de Felipe II, rey invicto de las Españas y de las Indias, por Francisco Hernández, primer doctor del Nuevo Mundo, y organizados por el doctor Nardo Antonio Recchi, médico de su misma Majestad. Aunque esta sinopsis de los textos hernandianos no se llegó a publicar nunca, podemos asegurar que fue responsable de la difusión por Europa del trabajo del naturalista español, ya que hay que tener en cuenta que la labor realizada por Hernández era conocida, antes de finalizar el siglo, por personalidades de la categoría científica del padre José de Acosta, Della Porta, Aldrovandi y Clusio.
La obra de Hernández fue posteriormente depositada en El Escorial, aunque él se quedó con las copias y borradores de lo que dejó. Desgraciadamente, los originales se quemaron en el incendio que afectó a la biblioteca escurialense en 1671. Hernández había fallecido en 1587.
El texto no publicado de Recchi y el original del sabio español, despertaron la curiosidad del mundo científico y los estudiosos de la naturaleza que visitaban Madrid intentaron ver la obra de Hernández y copiar alguna parte. Por ejemplo, Johannes Schreck, llamado el Terrenzio, médico y naturalista germano natural de Constanza, se lamentaba de lo reducido del resumen realizado por el napolitano y escribía en 1622: "Siento con dolor que en el Libro Mexicano falten tantas cosas que se ven en la Biblioteca del Escorial, e igualmente que no haya podido yo añadirle cosas mejores."
Así las cosa, el padre Fray Joseph de Sigüenza publicaba en 1600 la Historia de la Orden de San Jerónimo, en la que alababa el trabajo realizado por Hernández al que consideraba "curiosidad de gran estima, digna del ánimo y grandeza del fundador de esta librería". Posteriormente, en 1615, el dominico Francisco Ximénez hacía lo mismo con una versión en castellano, con notas y comentarios, del resumen que había realizado Recchi. Esta edición circuló por Nueva España pero algunos ejemplares llegaron a Europa.
Cuando murió Recchi, sus herederos vendieron su trabajo a un gran mecenas de la cultura, el príncipe Federico Cesi, uno de los pioneros en la utilización de la sistemática vegetal y la personalidad más influyente de la Academia dei Lincei. Este hecho estimuló a importantes personalidades de esa Academia —como Johannes Eck, médico holandés, Francesco Stelluti, eminente matemático, y a otras celebridades, como el ya citado Terrenzio, Johannes Faber, naturalista, médico y director del Jardín Pontificio de Simples y del Huerto Botánico, Fabio Colona, Cassiano dal Pozzo, etc.— a que participaran en la preparación de un texto, escrito en latín, denominado Rerum Medicarum Novae Hispaniae Thesaurus, o lo que es igual, "Tesoro de las cosas medicinales de Nueva España", conocido por el mundo científico, a partir de entonces, como "El Hernández". La obra fue editada entre 1630 y 1651, muchos años después de la muerte del médico-naturalista español.
Los manuscritos de Hernández que no fueron depositados en El Escorial pasaron, después de su fallecimiento, a la biblioteca del Colegio Imperial de los jesuitas en la capital del Reino y estos documentos fueron descubiertos, poco después de que fueran expulsados de España los religiosos de la orden de San Ignacio, por Juan Bautista Muñoz, cronista de Indias. Posteriormente, parece que fueron a parar al por entonces Ministro de Indias, José Gálvez.
En esos años, Casimiro Gómez Ortega(1741-1810), director del Jardín Botánico de Madrid y principal responsable científico de muchas de las expediciones españolas del siglo ilustrado, se hace cargo de los manuscritos y planifica la publicación de la obra del naturalista toledano. Así, en 1790, aparecen tres de los cinco volúmenes proyectados, lo que permitió, aunque de una forma fragmentada, el acceso a la obra original. Finalmente, la Universidad Nacional Autónoma de México publicó, entre 1960 y 1984, un magnífica edición en castellano de las obras completas del sabio español.
La influencia de Hernández en el posterior desarrollo de la ciencia botánica fue enorme, y no me estoy refiriendo exclusivamente a lo evidente de su importancia como vehículo de conocimiento de la flora americana, sino a su influencia, debido a sus modernos planteamientos, en significativas figuras de la botánica de años posteriores, que citaron con profusión esta obra y reprodujeron en sus propios textos muchos fragmentos escritos por el naturalista español; en este sentido podemos citar los escritos de figuras como Ray, Jussieu, Tournefort e incluso Linneo. Finalmente, uno de los aspectos más destacados de la impresionante labor hernandiana es el de haber sido responsable de la introducción en la farmacia europea de ciertos remedios vegetales.
En fin, el propio Hernández fue consciente de vivir “en estos felices reinos do parece haber hallado las ciencias su cumbre”.

Biblioteca de El Escorial


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