Francisco
Hernández fue, por consiguiente, el director de una expedición en la que
participaron también su hijo mayor Juan, el cosmógrafo Francisco Domínguez,
varios dibujantes, escribientes, algunos curanderos indígenas, mozos de mulas,
etc. La expedición, nacida por los deseos de Felipe II, es considerada como la
primera que, con carácter científico, se realiza en el mundo de
Los
viajeros partieron de Sevilla en agosto de 1570, y después de seis meses de
travesía, donde hicieron escalas en Gran Canaria, Santo Domingo y Cuba,
llegaron a Veracruz en febrero del año siguiente.
Dos
grandes etapas marcan el periodo americano del trabajo científico: durante los
tres primeros años Francisco Hernández recorrió casi todos los territorios de
Nueva España; el resto de su estancia en América, hasta su regreso a la
península en 1577, residió en la ciudad de México ocupado en ordenar los
materiales recopilados, realizar experimentos sobre las propiedades
terapéuticas de los vegetales y redactar una historia natural de ese
territorio.
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| Mapa de Nueva España de José Antonio Alzate y Ramírez ( 1737-1799) |
El
resultado de muchos años de trabajo fue un espléndido compendio de una gran
cantidad de información científica, no sólo de botánica medicinal, sobre la
historia natural de esos territorios. Pero había un pequeño inconveniente en el
hecho de que la impresionante labor se alejaba, en parte, de los deseos regios.
A Su Majestad le fueron entregadas plantas vivas, simientes, raíces, herbarios,
pieles, plumas, animales disecados, minerales, pinturas de animales y vegetales
y treinta y ocho volúmenes con textos y dibujos. Hernández quería transcribir
toda la información que poseía sobre toda la naturaleza que había estudiado y
por ello manifestó su disgusto con la idea real, exclusivamente práctica, de
escribir un manual de fármacos.
Hernández
dejó sus manuscritos en la biblioteca de El Escorial: cuatro volúmenes escritos
en latín, once libros de láminas coloreadas, algunas de las cuales colgó el
monarca en su habitaciones, varios de herbarios y un índice. De los cuatro
libros escritos, tres estaban dedicados al mundo vegetal y uno a vegetales y
animales. En total había más de tres mil capítulos, 2.911 dedicados a
vegetales,
Francisco
Hernández se dio perfecta cuenta de la importancia de su labor y desde un
primer momento puso sus esperanzas en que las descripciones de la naturaleza mejicana llegaran a todos
los ambientes. El toledano era un auténtico sabio en el sentido más adecuado
del térmico: deseaba difundir el conocimiento por ser saber, independientemente
de su primera utilidad. Quiere que su obra se escriba en latín, para los
hombres de ciencia europeos, desea hacerlo en castellano para sus compatriotas
y en náhuatl para los indígenas americanos. De los treinta y ocho volúmenes
había tres escritos en la lengua de los indios. Cuando sólo había realizado la
descripción de ochocientas plantas, en latín y en romance, escribió a Felipe
II:
"Y
entiendo será tan grande empresa que ni habrá necesidad de traer a las Indias
medicinas de España ni a España de Alexandría, y que no sólo alegrará al mundo,
más le espantará y dará a V.M. más nombre y eternidad de fama que han dado a
muchos príncipes pasados sus victorias y imperio: porque si a Alexandro dio
tanto nombre escribir Aristóteles por su mandado lo de esas partes, qué dará a
V.M. tanto número de cosas, y aún digo poco, nacidas en sus propias tierras y
de muy admirables virtudes, las cuales veo, toco, experimento, dibujo y clara y
distintamente escribo en castellano y en estilo no desagradable y voy
apercibiendo para que se transfieran a España."
Hernández
es consciente del interés de su labor por lo que desea "escribir algo que
también aprovechase a los que viven en regiones apartadas y a algunos de los
que en los siglos venideros nos tienen que suceder." Su mentalidad,
abierta desde el punto de vista científico, no le lleva a despreciar los
conocimientos médicos y farmacológicos de los naturales de Nueva España y
aunque cree que la ciencia europea es mejor que la americana, es capaz de
aceptar la posibilidad del error.
El caso es que el napolitano carecía de formación naturalista y, además, tenía una mentalidad utilitaria que chocaba con una más moderna y, sin lugar a dudas, más científica del español. Recchi escribe: "Y viendo su majestad que esta obra apenas tenía utilidad para ayudar a la sanidad pública, ya porque la mayor parte de lo que allí se contenía no servía para la práctica médica, ya porque otra parte había sido referida confusa, incompleta y desordenadamente, finalmente me ordenó sólo a mí entre sus médicos, que revisase esta obra y la enfocara para utilidad médica."
La decepción del expedicionario con su rey y con Recchi fue enorme. Por un lado estaba molesto con la orientación exclusivamente práctica que se quería dar a su trabajo, lo que sin duda alguna iba a mutilar la esencia de su labor, y por otro se mostraba disgustado por el hecho de que la obra se le hubiera asignado a alguien desconocedor de la naturaleza americana, a una persona que no había puesto pie alguno en el Nuevo Mundo. Enormemente irritado escribió: "Hay quienes ladran a mis espaldas y derraman venenos, envidiosos, e intentan condenar mis inocuos trabajos que no han visto ni, leyendo, los han percibido; serpientes indignas de que las tierra las cubra, o la turba los oiga con su criminal boca soplando."
Sin embargo, el napolitano no le hizo ascos al mandato regio y la obra de Hernández fue resumida en cuatro libros con un total de 516 capítulos; son los Cuatro libros sobre temas médicos de
La obra de Hernández fue posteriormente depositada en El Escorial, aunque él se quedó con las copias y borradores de lo que dejó. Desgraciadamente, los originales se quemaron en el incendio que afectó a la biblioteca escurialense en 1671. Hernández había fallecido en 1587.
El texto no publicado de Recchi y el original del sabio español, despertaron la curiosidad del mundo científico y los estudiosos de la naturaleza que visitaban Madrid intentaron ver la obra de Hernández y copiar alguna parte. Por ejemplo, Johannes Schreck, llamado el Terrenzio, médico y naturalista germano natural de Constanza, se lamentaba de lo reducido del resumen realizado por el napolitano y escribía en 1622: "Siento con dolor que en el Libro Mexicano falten tantas cosas que se ven en
Así las cosa, el padre Fray Joseph de Sigüenza publicaba en 1600
Cuando murió Recchi, sus herederos vendieron su trabajo a un gran mecenas de la cultura, el príncipe Federico Cesi, uno de los pioneros en la utilización de la sistemática vegetal y la personalidad más influyente de
Los manuscritos de Hernández que no fueron depositados en El Escorial pasaron, después de su fallecimiento, a la biblioteca del Colegio Imperial de los jesuitas en la capital del Reino y estos documentos fueron descubiertos, poco después de que fueran expulsados de España los religiosos de la orden de San Ignacio, por Juan Bautista Muñoz, cronista de Indias. Posteriormente, parece que fueron a parar al por entonces Ministro de Indias, José Gálvez.
En esos años, Casimiro Gómez Ortega(1741-1810), director del Jardín Botánico de Madrid y principal responsable científico de muchas de las expediciones españolas del siglo ilustrado, se hace cargo de los manuscritos y planifica la publicación de la obra del naturalista toledano. Así, en 1790, aparecen tres de los cinco volúmenes proyectados, lo que permitió, aunque de una forma fragmentada, el acceso a la obra original. Finalmente, la Universidad Nacional Autónoma de México publicó, entre 1960 y 1984, un magnífica edición en castellano de las obras completas del sabio español.
La influencia de Hernández en el posterior desarrollo de la ciencia botánica fue enorme, y no me estoy refiriendo exclusivamente a lo evidente de su importancia como vehículo de conocimiento de la flora americana, sino a su influencia, debido a sus modernos planteamientos, en significativas figuras de la botánica de años posteriores, que citaron con profusión esta obra y reprodujeron en sus propios textos muchos fragmentos escritos por el naturalista español; en este sentido podemos citar los escritos de figuras como Ray, Jussieu, Tournefort e incluso Linneo. Finalmente, uno de los aspectos más destacados de la impresionante labor hernandiana es el de haber sido responsable de la introducción en la farmacia europea de ciertos remedios vegetales.
En fin, el propio Hernández fue consciente de vivir “en estos felices reinos do parece haber hallado las ciencias su cumbre”.
| Biblioteca de El Escorial |



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