Soldado del espíritu, el investigador defiende a su patria con el microscopio, la balanza, la retorta o el telescopio (Santiago Ramón y Cajal)
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09 enero, 2011

Unos versos de Ramón y Cajal

Desde muy temprana edad, —y tal y como nos cuenta en su autobiografía titulada Mi infancia y juventud— en el verano de 1864, Santiago Ramón y Cajal se acerca a la literatura para leer alguna “novelilla romántica que guardaba (su madre) en el fondo del baúl desde los tiempos de soltera” y todo a pesar de que en su casa “no se consentían los libros de recreo”. Leyó entonces, con la ansiedad típica del lector que burla “la celosa vigilancia del jefe del hogar”, novelas como El solitario del monte salvaje, La extranjera, La caña de Balzac, Catalina Howard, Genoveva de Brabante.
Más tarde, en la Facultad de Medicina de Zaragoza, desarrolla su “manía literaria”, que se orienta en tres direcciones: las novelas de Víctor Hugo, las poesías de Espronceda y Zorrilla y la oratoria de Emilio Castelar. Escribe unos versos que “eran imitación servil de Lista, Arriaza, Bécquer, Zorrilla y Espronceda, sobre todo de este último, cuyos cantos al Pirata, a Teresa, al Cosaco, etc. considerábamos los jóvenes como el supremo esfuerzo de la lírica”. Porque lo que lo más le “seducía en la poesía del vate extremeño era su espíritu de audacia y rebeldía”.
En las obras inéditas de Cajal se pueden los escarceos versificadores del futuro premio Nobel. A su primer amor, María, amiga de sus hermanas, dedicó el siguiente acróstico:
“Mi corazón libre estaba/Antes que a tus ojos viera./Risueño al sol contemplaba/Y en eterna primavera/Alegre y feliz, soñaba”.
y a una morena de ojos negros le escribe el siguiente piropo:
Cuando a la mañana/tus negras pupilas/se fijan tranquilas/en el cielo azul,/me muero de envidia/me muero de celos;/hasta de los cielos/si los miras tú.
y la protesta en verso que escribió el aragonés a propósito de la huelga de estudiantes contra un catedrático de la Universidad. En el largo texto rimado se dan cita los nombres de compañeros y de profesores; la tituló “Oda a la Commune Estudiantil”, ya que tomó como punto de referencia los hechos acaecidos en 1871 en la Comuna de París.

17 diciembre, 2010

Pedro Felipe Monlau, un científico polifacético

Pedro Felipe Monlau y Roca nació en Barcelona en 1808 y falleció en Madrid en 1871. Se licenció en Medicina en el año 1831 y se doctoró dos años más tarde. No obstante, sus estudios sanitarios no fueron los únicos: su amplia cultura estaba fundamentada en unos conocimientos de botánica, física y química adquiridos en los cursos que impartía la Junta de Comercio de Cataluña. La formación intelectual del catalán se completó a los cuarenta y un años con la licenciatura en Filosofía por la Universidad de Madrid.
Monlau ejerció la medicina como médico militar, entre 1835 y 1840 fue el encargado de la cátedra de Geografía y Cronología de la Academia de Ciencias Naturales y Artes de la ciudad condal, en 1840 fue catedrático de Literatura en la Universidad de Barcelona, en 1848 obtuvo la cátedra de Psicología y Lógica en el Instituto emblemático de la capital de España: el de San Isidro; en 1857 ejerció la docencia de “Latín de los tiempos medios y castellano, lemosín y gallego antiguos” en la Escuela Diplomática y fue también encargado de la cátedra de Higiene en la Universidad de Madrid.
El interesante aspecto “higienista” de la obra médica del barcelonés se observa, entre otros, en los Elementos de Higiene privada (1846) y en los dos volúmenes de Elementos de Higiene pública (1847). Cabe, también, destacar su labor en el ámbito de la enseñanza media como autor de uno de los primeros manuales de psicología para los estudiantes de bachillerato: los Elementos de psicología. Aparecieron en 1849 y fueron reeditados numerosas veces; en ellos muestra una moderna concepción de la psicología al acercar a esta disciplina los conocimientos de fisiología. Para él, la psicología y la fisiología son “las dos ramas de la Antropología que estudian al hombre, una su mente, la otra su cuerpo”.