En 1877 nacía en la localidad alemana de Ratisbona Hugo Obermaier Grad, uno de los más importantes paleoantropólogos de la primera mitad del siglo XX.
Después de realizar los estudios universitarios en su ciudad natal, se ordenó de sacerdote en el año 1900 y se doctoró en Teología. Entre 1901 y 1904 estudió arqueología prehistórica, geografía física, geología, paleontología, etnología y anatomía humana. En 1904 obtuvo el doctorado con una tesis que versaba sobre la geología cuaternaria de los Pirineos.
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Hugo Obermaier Grad |
Después de una estancia en Viena, viajó a
varios países de Europa donde trabó amistad con personalidades tan importantes
como el arqueólogo, geólogo y abate francés Henri Breuil (1877-1961). Su
relación con Breuil y el patrocinio del príncipe Alberto I de Mónaco le llevó,
en 1911, a ejercer como profesor de Geología del Cuaternario en el recién
creado Instituto de Paleontología Humana de París, donde permaneció hasta 1914.
Con el abate francés fue el principal artífice de la creación de este centro.
Antes, en 1909, había venido
a España con Breuil para estudiar las cuevas cántabras en el contexto de lo que
fue un gran proyecto de investigación financiado por el príncipe Alberto. De
hecho, sus trabajos más importantes en el ámbito de la arqueología prehistórica
los realizó en las cuevas de Altamira, El Castillo y La Pasiega, en Cantabria.
La Primera Guerra Mundial le
sorprendió en España, en Santander. Obermaier inicialmente tuvo la intención de
ir como capellán a los sitios de conflicto pero al no permitírsele regresar a
Francia, se quedó en nuestro país. Y es que, por un lado sus compatriotas le
acusaban de francófilo y por el otro tuvo el desprecio de una parte de sus
colegas franceses por el hecho de ser alemán, de forma que fue cesado en el
parisino Instituto de Paleontología Humana.
Así que este “pequeño bávaro braquicéfalo y autoritario” —como le definió Julio Caro Baroja—quedó en nuestro país, donde trabajó hasta 1919 en la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas —perteneciente a la Junta para Ampliación de Estudios (JAE)— y en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, donde formó, con algunos colegas como Juan Carandell Pericay (1893-1937), una escuela que se dedicó al estudio del glaciarismo en España. De esta labor son frutos las importantes monografías sobre el glaciarismo de la Sierra del Guadarrama, de los Picos de Europa, de la Sierra de Gredos, de Sierra Nevada, algunas publicadas juntamente con Carandell; es el caso, por ejemplo de Los glaciares cuaternarios de Sierra Nevada, que apareció en 1916.
Guadarrama |
En 1922 fue nombrado
catedrático de Historia del Hombre Primitivo en la Facultad de Filosofía y
Letras de la madrileña Universidad Central (origen del departamento actual de
Prehistoria de la Universidad Complutense) en la que permaneció hasta el
comienzo de la Guerra Civil española y donde creó una importante escuela de
prehistoriadores que realizó un importante trabajo hasta el final del
franquismo. Hay que hacer notar que la
presencia de un científico en la Facultad de Filosofía generó la oposición de
una buena parte de sus colegas de ciencias.
Antes, en 1933, no quiso
ocupar la cátedra que Max Ebert había tenido en la Universidad de Berlín por
dos razones: ya se había hecho ciudadano español porque se encontraba perfectamente integrado
con la intelectualidad española y porque le asqueaba la orientación nazi de la
política alemana.
Fundó y dirigió, desde 1927 a
1936, la revista Investigación y Progreso
(1927-1936), bajo el patrocinio del Centro de Intercambio Cultural
Germanoespañol.
Cuando se inició la contienda
española se encontraba en Oslo representando a España en el Congreso Internacional
de Arqueología y Prehistoria Protohistórica.
De su abundante bibliografía
destaca la que ha sido considerada su obra más importante y la primera gran
síntesis de prehistoria española y europea del siglo XX: El hombre fósil, que fue publicada por la JAE en1916 (hubo una
segunda edición en 1925) y vertida al inglés en 1924 gracias a la Hispanic
Society of América; el libro es la primera y más importante de las síntesis
sobre las poblaciones del Cuaternario que se hicieron en la primera mitad del
siglo XX, fruto de los conocimientos del autor sobre asuntos geológicos,
paleontológicos y arqueológicos. Es una obra escrita para un público
especialista.
También fue importante su
libro El hombre prehistórico y los
orígenes de la humanidad (1932), que quería ser un manual para sus
estudiantes. Fue una obra traducida del alemán por Antonio García Bellido y
editada por la Revista de Occidente,
editorial de José Ortega y Gasset con el que Obermaier tenía unas buenas
relaciones personales e intelectuales.
Pese a los esfuerzos de sus
amigos para que, después de la Guerra Civil, volviera a Madrid, decidió trabajar
como profesor en la Universidad de Friburgo, Suiza, y no regresar a España. Se
hace difícil entender su actitud ya que el sacerdote tenía relaciones excelentes
con lo mejor de la ciencia española.
Obermaier murió en esta
ciudad en 1946 después de una larga enfermedad.
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