Cuando hay que crear algo nuevo, siempre se requiere personas que impulsen el proyecto. En la bioquímica de la segunda década del franquismo se dio la circunstancia de que había varios hombres de gran vigor intelectual, en lo que a la política científica se refiere, que hicieron todo lo posible para que se fundara la Sociedad Española de Bioquímica. Y de estos, sobresalieron Alberto Sols y Severo Ochoa.
Y es que la sociedad se gestó al alimón
desde dentro y fuera de España. Desde el extranjero, donde estaba Ochoa, que
había recibido el Premio Nobel en 1959 y que investigaba en el Departamento de
Bioquímica de la Universidad de Nueva York;
desde España, donde trabajaba Sols después de haberlo hecho en el
laboratorio de la Universidad de Washington de San Luis (Missouri). No obstante,
además de estos dos científicos, hay que poner de manifiesto la importancia que
también tuvieron en estos albores de la bioquímica española otros hombres como
el entonces ministro de Educación y Ciencia Manuel Lora Tamayo, que era
científico y, en consecuencia, un personaje bastante raro en lo que era, y
sigue siendo, el panorama ministerial español, generalmente dominado por los
licenciados en Derecho.
Manuel Lora Tamayo (1904-2002), doctorado
en Ciencias Químicas y Farmacia, era catedrático de Química Orgánica y llegó a
publicar en buenas revistas científicas. Fue nombrado ministro de Educación
Nacional (1962-1968)y durante su mandato aumentaron los fondos dedicados a la
investigación científica y técnica. 
Manuel Lora Tamayo
También aportaron su grano de arena a la
creación de la Sociedad Española de Bioquímica otras personalidades de la
ciencia española de la época como José María Albareda (1902-1966), a la sazón
secretario del CSIC; Julio Rodríguez Villanueva (1928-2017), entonces un joven
microbiólogo que tuvo una importancia muy destacada en el desarrollo de la
bioquímica española; el médico Carlos Jiménez Díaz (1898-1967), que dio su
apoyo a la creación de la sociedad y algunos otros.
En diciembre de 1959, dos meses después de que Ochoa recibiera el Premio Nobel, el de Luarca fue nombrado consejero de honor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y casi un año después José María Albareda escribía a Ochoa una carta en la que le proponía un encuentro con bioquímicos españoles que se celebrase “bajo la presidencia de V. y para ocuparse aquí de la organización podríamos tener la vicepresidencia de Alberto Sols y ser Secretario mi antiguo alumno Julio Rodríguez Villanueva”. Así se empezó a pergeñar la que se ha denominado “Reunión Bioquímica de Santander”, que tuvo lugar en verano de 1961 y que fue el punto de partida y de referencia de la creación de la Sociedad Española de Bioquímica (SEB).
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| Alberto Sols |
La reunión se iba a celebrar bajo el
amparo de una autoridad científica del prestigio internacional de Severo Ochoa,
de un investigador muy considerado en España por su trabajo en el Centro de
Investigaciones Biológicas del CSIC, Alberto Sols, y con el sostén y el impulso
del secretario general de CSIC, José María Albareda. Sin duda, Ochoa y Albareda
tuvieron una gran importancia en la realización de la reunión, pero ésta se
celebró gracias principalmente a Sols, principal promotor y organizador y a
juicio del premio Nobel “el primer científico en plantar con éxito la
bioquímica en suelo español”.
Las intenciones iniciales de Sols se van
modificando y dejando paso a las de Ochoa. Sols pretende que la reunión
constituya un punto de encuentro en el que se discuta sobre la situación de la
bioquímica en España, es decir, es más partidario de analizar la política
científica nacional a ese respecto. Por su parte, el premio Nobel es proclive a
que sea una típica reunión científica en la que se presenten comunicaciones.
Sols quiere entonces que los científicos jóvenes muestren sus trabajos, pero Ochoa
tiene interés por conocer la labor que realizan los investigadores españoles
con una carrera consolidada en el ámbito de la bioquímica; y es que, aun
saliéndose de lo que constituye la “bioquímica pura”, Ochoa considera bueno conseguir la participación en la
reunión de miembros del Instituto Jiménez Díaz y de otros científicos como Lora
Tamayo, Santos Ruiz y diferentes investigadores que, trabajando en el
extranjero, van a España algunos veranos (Folch-Pi, Grisolía, Grande Covián,
etc.).
En efecto, en una carta de Ochoa a Sols
se puede leer que el objeto principal de la reunión es la de congregar
“a los bioquímicos e investigadores en
campos afines para darse [sic] a
conocer mutuamente sus trabajos y darlos a conocer a personas, que como yo y
otros, llevamos años fuera de España y no hemos seguido de cerca la labor de
nuestros colegas allí. Debería pues tener la reunión un carácter esencialmente
científico y consistir de un modo principal en la presentación de trabajos
originales con tiempo adecuado para una discusión crítica”.
Esto supone que, en líneas generales, la
reunión científica se iba a realizar de acuerdo con las pautas generales la
ciencia institucionalizada.
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| Bioquímicos en Santander (SEB) |
El momento de la reunión coincidiría con
las vacaciones que anualmente disfrutaba en Asturias el Nobel español y con una
planificación muy de su gusto, con más interés en el contenido científico que
en de la política científica.
La reunión, que se celebra en la
Universidad Menéndez Pelayo de Santander con la presidencia de Severo Ochoa y
bajo el patrocinio del Colegio Español de Ciencias Naturales, fue un encuentro
de científicos dedicados a la bioquímica o áreas próximas. Además, intervienen
científicos residentes en el extranjero que tienen cierto prestigio
internacional, entre los que hay que destacar a Francisco Grande Covián y a
Santiago Grisolía. También se celebra una mesa redonda sobre los “Problemas
actuales de la Bioquímica en España” que contempla, al menos en parte, las
intenciones originales de Sols. En esta mesa se habló de crear cátedras de
Bioquímica en los estudios de Ciencias y Medicina y que esas cátedras no fueran
vitalicias.
Alberto Sols también fue el principal
componente de la comisión que habría de organizar la II Reunión de Bioquímica
que se celebraría en Santiago de Compostela en agosto de 1963. Una reunión
científica presidida por Ochoa, —que era, en ese momento, presidente de la
Unión Internacional de Bioquímica—, para
la que se piden comunicaciones que serán seleccionadas por una comisión. La
reunión es similar a la que tuvo lugar en Santander pero en una circular previa
se hace mención de la creación de la Sociedad Española de Bioquímica como una
“necesidad urgente ya que hace sólo unos días las conversaciones mantenidas
entre varios representantes europeos de sociedades de bioquímica reunidos en
Oxford, con motivo de la Reunión Internacional de la Biochemical Society, han
servido para sentar las bases de una Federación Europea de Sociedades de
Bioquímica que tendrá su primera reunión en Londres, en marzo de 1964”. Esto
supone que el argumento de la creación de la FEBS (Federación Europea de
Sociedades de Bioquímica) es otro de los que se utilizan para fundar la
Sociedad Española de Bioquímica (SEB). La FEBS se creó también en 1963 y como
se invitó a los bioquímicos españoles para que se unieran a ella, parecía
necesario constituir una Sociedad española que pudiera ser una de las
fundadoras de FEBS.
El último día de la II Reunión de
Bioquímica se constituyó la Sociedad Española de Bioquímica y fue nombrado
presidente Alberto Sols. La vicepresidencia recayó en Fernando Calvet, el más
importante de los científicos que trabajaron en su primera época en los
laboratorios Zeltia, la secretaría en Rodríguez Villanueva y la tesorería en
Manuel Losada. 
Severo Ochoa
Desde el momento de su creación, la
Sociedad Española de Bioquímica fomentó la aparición de cátedras de esta
especialidad y de la misma bioquímica como actividad investigadora en un
momento en el que era la disciplina científica protagonista (con la física de
altas energías) de la intelectualidad científica internacional. Y es que la SEB
estructuró y difundió los saberes bioquímicos en un momento en el que esta
ciencia se encontraba en una situación muy favorable, de manera que iba a
recibir también las aportaciones económicas de diferentes Planes de Desarrollo.
La Sociedad Española de Bioquímica acoge
a “todo aquel profesional dedicado seriamente a la especialidad y que está en
situación de poder proyectar su trabajo a una escala internacional”, esto es,
desde un primer momento se quiere hacer de la SEB una institución de “exigencia
y responsabilidad acorde con el nivel de competencia que preside fuera de
nuestras fronteras”. Por ello se va a realizar una selección de socios y, lo
que a mi juicio es una novedad en la mayoría de las sociedades científicas
españolas: se desea evitar la creación de una revista española de bioquímica
porque lo que se quiere es que las investigaciones que se hagan en España
aparezcan en revistas internacionales. Además, la SEB se integró en la
Federación Europea de Sociedades Bioquímicas con otros 16 países de Europa.


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