Soldado del espíritu, el investigador defiende a su patria con el microscopio, la balanza, la retorta o el telescopio (Santiago Ramón y Cajal)

13 enero, 2026

Una sociedad para la bioquímica

 

Cuando hay que crear algo nuevo, siempre se requiere personas que impulsen el proyecto. En la bioquímica de la segunda década del franquismo se dio la circunstancia de que había varios hombres de gran vigor intelectual, en lo que a la política científica se refiere, que hicieron todo lo posible para que se fundara la Sociedad Española de Bioquímica. Y de estos, sobresalieron Alberto Sols y Severo Ochoa.

Y es que la sociedad se gestó al alimón desde dentro y fuera de España. Desde el extranjero, donde estaba Ochoa, que había recibido el Premio Nobel en 1959 y que investigaba en el Departamento de Bioquímica de la Universidad de Nueva York;  desde España, donde trabajaba Sols después de haberlo hecho en el laboratorio de la Universidad de Washington de San Luis (Missouri). No obstante, además de estos dos científicos, hay que poner de manifiesto la importancia que también tuvieron en estos albores de la bioquímica española otros hombres como el entonces ministro de Educación y Ciencia Manuel Lora Tamayo, que era científico y, en consecuencia, un personaje bastante raro en lo que era, y sigue siendo, el panorama ministerial español, generalmente dominado por los licenciados en Derecho.

Manuel Lora Tamayo (1904-2002), doctorado en Ciencias Químicas y Farmacia, era catedrático de Química Orgánica y llegó a publicar en buenas revistas científicas. Fue nombrado ministro de Educación Nacional (1962-1968)y durante su mandato aumentaron los fondos dedicados a la investigación científica y técnica. 

Manuel Lora Tamayo

También aportaron su grano de arena a la creación de la Sociedad Española de Bioquímica otras personalidades de la ciencia española de la época como José María Albareda (1902-1966), a la sazón secretario del CSIC; Julio Rodríguez Villanueva (1928-2017), entonces un joven microbiólogo que tuvo una importancia muy destacada en el desarrollo de la bioquímica española; el médico Carlos Jiménez Díaz (1898-1967), que dio su apoyo a la creación de la sociedad y algunos otros.

En diciembre de 1959, dos meses después de que Ochoa recibiera el Premio Nobel, el de Luarca fue nombrado consejero de honor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas  y casi un año después José María Albareda escribía a Ochoa una carta en la que le proponía un encuentro con bioquímicos españoles que se celebrase “bajo la presidencia de V. y para ocuparse aquí de la organización podríamos tener la vicepresidencia de Alberto Sols y ser Secretario mi antiguo alumno Julio Rodríguez Villanueva”. Así se empezó a pergeñar la que se ha denominado “Reunión Bioquímica de Santander”, que tuvo lugar en verano de 1961 y que fue el punto de partida y de referencia de la creación de la Sociedad Española de Bioquímica (SEB). 

Alberto Sols

La reunión se iba a celebrar bajo el amparo de una autoridad científica del prestigio internacional de Severo Ochoa, de un investigador muy considerado en España por su trabajo en el Centro de Investigaciones Biológicas del CSIC, Alberto Sols, y con el sostén y el impulso del secretario general de CSIC, José María Albareda. Sin duda, Ochoa y Albareda tuvieron una gran importancia en la realización de la reunión, pero ésta se celebró gracias principalmente a Sols, principal promotor y organizador y a juicio del premio Nobel “el primer científico en plantar con éxito la bioquímica en suelo español”.

 Las intenciones iniciales de Sols se van modificando y dejando paso a las de Ochoa. Sols pretende que la reunión constituya un punto de encuentro en el que se discuta sobre la situación de la bioquímica en España, es decir, es más partidario de analizar la política científica nacional a ese respecto. Por su parte, el premio Nobel es proclive a que sea una típica reunión científica en la que se presenten comunicaciones. Sols quiere entonces que los científicos jóvenes muestren sus trabajos, pero Ochoa tiene interés por conocer la labor que realizan los investigadores españoles con una carrera consolidada en el ámbito de la bioquímica; y es que, aun saliéndose de lo que constituye la “bioquímica pura”, Ochoa considera  bueno conseguir la participación en la reunión de miembros del Instituto Jiménez Díaz y de otros científicos como Lora Tamayo, Santos Ruiz y diferentes investigadores que, trabajando en el extranjero, van a España algunos veranos (Folch-Pi, Grisolía, Grande Covián, etc.).

En efecto, en una carta de Ochoa a Sols se puede leer que el objeto principal de la reunión es la de congregar

“a los bioquímicos e investigadores en campos afines para darse [sic] a conocer mutuamente sus trabajos y darlos a conocer a personas, que como yo y otros, llevamos años fuera de España y no hemos seguido de cerca la labor de nuestros colegas allí. Debería pues tener la reunión un carácter esencialmente científico y consistir de un modo principal en la presentación de trabajos originales con tiempo adecuado para una discusión crítica”.

Esto supone que, en líneas generales, la reunión científica se iba a realizar de acuerdo con las pautas generales la ciencia institucionalizada.

Bioquímicos en Santander
(SEB)

El momento de la reunión coincidiría con las vacaciones que anualmente disfrutaba en Asturias el Nobel español y con una planificación muy de su gusto, con más interés en el contenido científico que en de la política científica.

La reunión, que se celebra en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander con la presidencia de Severo Ochoa y bajo el patrocinio del Colegio Español de Ciencias Naturales, fue un encuentro de científicos dedicados a la bioquímica o áreas próximas. Además, intervienen científicos residentes en el extranjero que tienen cierto prestigio internacional, entre los que hay que destacar a Francisco Grande Covián y a Santiago Grisolía. También se celebra una mesa redonda sobre los “Problemas actuales de la Bioquímica en España” que contempla, al menos en parte, las intenciones originales de Sols. En esta mesa se habló de crear cátedras de Bioquímica en los estudios de Ciencias y Medicina y que esas cátedras no fueran vitalicias.

Alberto Sols también fue el principal componente de la comisión que habría de organizar la II Reunión de Bioquímica que se celebraría en Santiago de Compostela en agosto de 1963. Una reunión científica presidida por Ochoa, —que era, en ese momento, presidente de la Unión Internacional de Bioquímica—,  para la que se piden comunicaciones que serán seleccionadas por una comisión. La reunión es similar a la que tuvo lugar en Santander pero en una circular previa se hace mención de la creación de la Sociedad Española de Bioquímica como una “necesidad urgente ya que hace sólo unos días las conversaciones mantenidas entre varios representantes europeos de sociedades de bioquímica reunidos en Oxford, con motivo de la Reunión Internacional de la Biochemical Society, han servido para sentar las bases de una Federación Europea de Sociedades de Bioquímica que tendrá su primera reunión en Londres, en marzo de 1964”. Esto supone que el argumento de la creación de la FEBS (Federación Europea de Sociedades de Bioquímica) es otro de los que se utilizan para fundar la Sociedad Española de Bioquímica (SEB). La FEBS se creó también en 1963 y como se invitó a los bioquímicos españoles para que se unieran a ella, parecía necesario constituir una Sociedad española que pudiera ser una de las fundadoras de FEBS.

El último día de la II Reunión de Bioquímica se constituyó la Sociedad Española de Bioquímica y fue nombrado presidente Alberto Sols. La vicepresidencia recayó en Fernando Calvet, el más importante de los científicos que trabajaron en su primera época en los laboratorios Zeltia, la secretaría en Rodríguez Villanueva y la tesorería en Manuel Losada. 

Severo Ochoa

Desde el momento de su creación, la Sociedad Española de Bioquímica fomentó la aparición de cátedras de esta especialidad y de la misma bioquímica como actividad investigadora en un momento en el que era la disciplina científica protagonista (con la física de altas energías) de la intelectualidad científica internacional. Y es que la SEB estructuró y difundió los saberes bioquímicos en un momento en el que esta ciencia se encontraba en una situación muy favorable, de manera que iba a recibir también las aportaciones económicas de diferentes Planes de Desarrollo.

La Sociedad Española de Bioquímica acoge a “todo aquel profesional dedicado seriamente a la especialidad y que está en situación de poder proyectar su trabajo a una escala internacional”, esto es, desde un primer momento se quiere hacer de la SEB una institución de “exigencia y responsabilidad acorde con el nivel de competencia que preside fuera de nuestras fronteras”. Por ello se va a realizar una selección de socios y, lo que a mi juicio es una novedad en la mayoría de las sociedades científicas españolas: se desea evitar la creación de una revista española de bioquímica porque lo que se quiere es que las investigaciones que se hagan en España aparezcan en revistas internacionales. Además, la SEB se integró en la Federación Europea de Sociedades Bioquímicas con otros 16 países de Europa.

 


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