En julio de 1909, unos trabajadores de un puente cercano a Melilla fueron tiroteados por unos rifeños y murieron cuatro españoles. El ministro de la Guerra, Arsenio Linares Pombo —del Gobierno de Antonio Maura—, reforzó las tropas españolas en el Rif con una brigada en la que había reservistas catalanes, madrileños y del Campo de Gibraltar, además de diversas unidades militares. Se había iniciado una guerra cerca de la ciudad, la Guerra de Melilla, que duró casi medio año. El envío de reservistas parece que fue el desencadenante de los sucesos de la última semana de julio: la Semana Trágica.
El 26 de julio de 1909 los anarquistas,
socialistas, republicanos radicales y catalanistas convocaron una huelga
general “pacífica” que contó con el apoyo de los sectores catalanistas y, hasta
los primeros días de agosto, la ciudad de Barcelona quedó paralizada. La
violencia fue fuera de lo normal, se declaró el estado de guerra y miembros del
Ejército ocuparon las calles de la ciudad; murieron setenta y ocho personas y casi
quinientas resultaron heridas. Como solía ocurrir en muchas de estas
manifestaciones, también resultaron afectados alrededor de ciento veinte
edificios, la mayoría religiosos: iglesias, conventos, centros de enseñanza,
residencias, se saquearon tumbas...
![]() |
| Barcelona. Semana Trágica (Fuente: El Mundo) |
La represión posterior de Maura fue importante: se procesó a unas dos mil personas de las que una octava parte sufrieron destierro, sesenta fueron condenadas a cadena perpetua y cinco hombres lo fueron a muerte. El estado de guerra en Barcelona, que se había iniciado el 26 de julio, se mantuvo hasta el 17 de agosto.
Entre los condenados a muerte estaba el
considerado responsable de los disturbios —aunque las pruebas no eran demasiado
claras—, el anarquista y pedagogo autodidacta catalán Francisco Ferrer Guardia
(1859-1909), amigo y compañero de Mateo Morral (1879-1906), que había
intervenido en el atentado contra Alfonso XIII y Victoria Eugenia, en 1906, el
día de su boda. Atentado por el que Ferrer fue detenido y, aunque parece que
estuvo implicado en el proceso, resultó exculpado y libre. Sin embargo, por los
sucesos de la Semana Trágica de Barcelona Ferrer fue declarado culpable ante un
tribunal militar y fusilado el 13 de octubre de 1909 en la prisión del castillo
de Montjuic. 
Monumento a Guardia en Montjuic
En muchas ciudades europeas —París,
Marsella, Roma, Génova, Venecia, Oporto, Lisboa, Londres, Berna, etc. — hubo
ataques a las embajadas españolas y manifestaciones en las que Ferrer era
considerado un héroe y salieron a la luz los tópicos contra la España
liberticida y... en Bruselas se levantó un monumento al anarquista. Sin
embargo, Ferrer no era ni un sabio de la renovación pedagógica, ni un hombre
que murió por la libertad, pero fue la disculpa para actuar contra el gobierno
de Maura, que finalmente cayó.
Independientemente de la consideración
sobre el juicio a Ferrer, en la que no podemos entrar a ella por razones
obvias, Miguel de Unamuno escribe un artículo — el 7 de diciembre de 1917, en El Día, Madrid—, en el que realiza una
especie de descargo de conciencia por haberse puesto al lado de los que
condenaron a Ferrer: “Sí, hace años pequé y pequé gravemente contra la santidad
de la justicia”. Sin embargo, esto no le impide escribir “que me hirió en lo
vivo, como a tantos otros españoles les hirió, la campaña de calumnias, de insultos,
de embustes, que contra nuestra patria se hizo en el extranjero a pretexto del
fusilamiento de Ferrer”, y también:
“Me era profundamente antipática la obra
de la Escuela Moderna de Francisco Ferrer Guardia y sigue siéndomelo. Me
repugnaba, con la mayor repugnancia que en mí cabe, la obra de incultura y de
barbarización de aquel frío energúmeno, de aquel fanático ignorante. Nunca he
podido soportar el dogmatismo docente del ateísmo más incivil y más grosero, de
un ateísmo a su modo troglodítico. Nunca he podido tolerar que a nombre de una
razón abstracta, ahistórica, matemática si se quiere, pero puesta fuera de la
historia y de su tradición, se pretenda arrancar tiránicamente del alma de los
hombres y ciudadanos de mañana las más nobles y fecundas inquietudes, y con
ellas el germen de las creencias que le consuelan al hombre de haber tenido que
nacer y de tener que vivir”. .jpeg)
El doctor Simarro (1896; J. Sorolla)
En relación con la Semana Trágica hay
que indicar que el que fuera uno de los discípulos más queridos de Santiago
Ramón y Cajal, Luis Simarro, hombre muy implicado en la vida política y social,
defendió la causa de Ferrer Guardia y en 1910
se publicó su libro El proceso
Ferrer y la opinión europea, que resultó muy polémico. La vida de Simarro
quedó marcada por el proceso del anarquista de forma que desde entonces realizó
una escasa labor científica e investigadora. Simarro intentó encontrar apoyos a
favor del revolucionario en los hombres de la Institución Libre de Enseñanza.
Así lo narra Jiménez Landi, el gran estudioso de la ILE:
“En este ambiente de efervescencia el doctor Simarro pronunció un enardecido discurso, precisamente en la noche del 13 de octubre [cuando murió ejecutado Ferrer Guardia], en el Ateneo de Madrid, y por los mismos días, visitó a Giner y a Cossío para pedirles la adhesión pública de la Institución Libre de Enseñanza a la protesta universal en favor de Ferrer. Para presionar más a don Francisco y a su discípulo, les prometió hacer testamento legando a la Institución una parte de sus bienes.
La negativa de Giner y de Cossío fue
inmediata. Ellos eran contrarios a la pena de muerte y pensaban que, tal vez,
la condena de Ferrer no había contado con todas las garantías precisas en caso
tan grave..., pero la campaña desatada en su favor estaba dañando al buen
nombre de nuestra patria, y la Institución
Libre no podía sumarse a ella.
Simarro se distanció de Giner y dejó un
legado de sus bienes a la Universidad de Madrid, adonde han ido a parar muebles
y cuadros”.


No hay comentarios:
Publicar un comentario