Soldado del espíritu, el investigador defiende a su patria con el microscopio, la balanza, la retorta o el telescopio (Santiago Ramón y Cajal)

24 abril, 2026

Intelectuales ante la Semana Trágica; Simarro

 

En julio de 1909, unos trabajadores de un puente cercano a Melilla fueron tiroteados por unos rifeños y murieron cuatro españoles. El ministro de la Guerra, Arsenio Linares Pombo —del Gobierno de Antonio Maura—, reforzó las tropas españolas en el Rif con una brigada en la que había reservistas catalanes, madrileños y del Campo de Gibraltar, además de diversas unidades militares. Se había iniciado una guerra cerca de la ciudad, la Guerra de Melilla, que duró casi medio año. El envío de reservistas parece que fue el desencadenante de los sucesos de la última semana de julio: la Semana Trágica.

El 26 de julio de 1909 los anarquistas, socialistas, republicanos radicales y catalanistas convocaron una huelga general “pacífica” que contó con el apoyo de los sectores catalanistas y, hasta los primeros días de agosto, la ciudad de Barcelona quedó paralizada. La violencia fue fuera de lo normal, se declaró el estado de guerra y miembros del Ejército ocuparon las calles de la ciudad; murieron setenta y ocho personas y casi quinientas resultaron heridas. Como solía ocurrir en muchas de estas manifestaciones, también resultaron afectados alrededor de ciento veinte edificios, la mayoría religiosos: iglesias, conventos, centros de enseñanza, residencias, se saquearon tumbas...

Barcelona. Semana Trágica (Fuente: El Mundo)

La represión posterior de Maura fue importante: se procesó a unas dos mil personas de las que una octava parte sufrieron destierro, sesenta fueron condenadas a cadena perpetua y cinco hombres lo fueron a muerte. El estado de guerra en Barcelona, que se había iniciado el 26 de julio, se mantuvo hasta el 17 de agosto.

Entre los condenados a muerte estaba el considerado responsable de los disturbios —aunque las pruebas no eran demasiado claras—, el anarquista y pedagogo autodidacta catalán Francisco Ferrer Guardia (1859-1909), amigo y compañero de Mateo Morral (1879-1906), que había intervenido en el atentado contra Alfonso XIII y Victoria Eugenia, en 1906, el día de su boda. Atentado por el que Ferrer fue detenido y, aunque parece que estuvo implicado en el proceso, resultó exculpado y libre. Sin embargo, por los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona Ferrer fue declarado culpable ante un tribunal militar y fusilado el 13 de octubre de 1909 en la prisión del castillo de Montjuic. 

Monumento a Guardia en Montjuic

En muchas ciudades europeas —París, Marsella, Roma, Génova, Venecia, Oporto, Lisboa, Londres, Berna, etc. — hubo ataques a las embajadas españolas y manifestaciones en las que Ferrer era considerado un héroe y salieron a la luz los tópicos contra la España liberticida y... en Bruselas se levantó un monumento al anarquista. Sin embargo, Ferrer no era ni un sabio de la renovación pedagógica, ni un hombre que murió por la libertad, pero fue la disculpa para actuar contra el gobierno de Maura, que finalmente cayó.

Independientemente de la consideración sobre el juicio a Ferrer, en la que no podemos entrar a ella por razones obvias, Miguel de Unamuno escribe un artículo — el 7 de diciembre de 1917, en El Día, Madrid—, en el que realiza una especie de descargo de conciencia por haberse puesto al lado de los que condenaron a Ferrer: “Sí, hace años pequé y pequé gravemente contra la santidad de la justicia”. Sin embargo, esto no le impide escribir “que me hirió en lo vivo, como a tantos otros españoles les hirió, la campaña de calumnias, de insultos, de embustes, que contra nuestra patria se hizo en el extranjero a pretexto del fusilamiento de Ferrer”, y también:

“Me era profundamente antipática la obra de la Escuela Moderna de Francisco Ferrer Guardia y sigue siéndomelo. Me repugnaba, con la mayor repugnancia que en mí cabe, la obra de incultura y de barbarización de aquel frío energúmeno, de aquel fanático ignorante. Nunca he podido soportar el dogmatismo docente del ateísmo más incivil y más grosero, de un ateísmo a su modo troglodítico. Nunca he podido tolerar que a nombre de una razón abstracta, ahistórica, matemática si se quiere, pero puesta fuera de la historia y de su tradición, se pretenda arrancar tiránicamente del alma de los hombres y ciudadanos de mañana las más nobles y fecundas inquietudes, y con ellas el germen de las creencias que le consuelan al hombre de haber tenido que nacer y de tener que vivir”. 

El doctor Simarro (1896; J. Sorolla)

En relación con la Semana Trágica hay que indicar que el que fuera uno de los discípulos más queridos de Santiago Ramón y Cajal, Luis Simarro, hombre muy implicado en la vida política y social, defendió la causa de Ferrer Guardia y en 1910  se publicó su libro El proceso Ferrer y la opinión europea, que resultó muy polémico. La vida de Simarro quedó marcada por el proceso del anarquista de forma que desde entonces realizó una escasa labor científica e investigadora. Simarro intentó encontrar apoyos a favor del revolucionario en los hombres de la Institución Libre de Enseñanza. Así lo narra Jiménez Landi, el gran estudioso de la ILE:

“En este ambiente de efervescencia el doctor Simarro pronunció un enardecido discurso, precisamente en la noche del 13 de octubre [cuando murió ejecutado Ferrer Guardia], en el Ateneo de Madrid, y por los mismos días, visitó a Giner y a Cossío para pedirles la adhesión pública de la Institución Libre de Enseñanza a la protesta universal en favor de Ferrer. Para presionar más a don Francisco y a su discípulo, les prometió hacer testamento legando a la Institución una parte de sus bienes. 


La negativa de Giner y de Cossío fue inmediata. Ellos eran contrarios a la pena de muerte y pensaban que, tal vez, la condena de Ferrer no había contado con todas las garantías precisas en caso tan grave..., pero la campaña desatada en su favor estaba dañando al buen nombre de nuestra patria, y la Institución Libre no podía sumarse a ella.

Simarro se distanció de Giner y dejó un legado de sus bienes a la Universidad de Madrid, adonde han ido a parar muebles y cuadros”.


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