Nicolás Bautista Monardes fue un médico sevillano nacido alrededor del año 1493. Era hijo de un librero de origen genovés (Niculosu de Monardis) y de Ana de Alfaro, quizás hija del médico Martín de Alfaro. En la Universidad Complutense, en 1533, obtuvo el título de Bachiller en Medicina.
Muy pronto se interesó por la botánica médica y hacia la mitad del siglo realizó actividades mercantiles de diversos productos, entre los que se contaban los medicinales.
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Placa en la sevillana calle Sierpes |
Aunque previamente Monardes había sacado a la luz diversos trabajos sobre los vegetales del Nuevo Mundo, no fue hasta 1574 cuando publicó en su ciudad natal una excepcional obra sobre las medicinas americanas: Historia medicinal de las cosas que traen de nuestras Indias Occidentales que sirven en Medicina.
La obra es magnífica en muchos aspectos y muy especialmente por el hecho de descubrir y aclarar gran parte de la información que había llegado a la Europa del Quinientos, en relación con la farmacopea del Nuevo Continente. Monardes describe los nuevos productos, las formas de prepararlos, las indicaciones terapéuticas y sus modos de administrarlos. El autor escribe basándose en su experiencia sobre los productos venidos de allende el océano porque desde hace cuarenta años que “curo en esta ciudad [Sevilla] do me he informado de los que de aquellas partes las han traído con mucho cuidado, y las he experimentado en muchas y diversas personas, con toda diligencia y miramiento posible.”
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Lápida de Monardes en la sevillana Iglesia del convento de San Leandro |
La
Historia medicinal ha sido valorada
como una de las primeras y más significativas aportaciones a la farmacognosia,
especialidad farmacéutica de la que Monardes es considerado “creador”, junto
con el botánico francés Clusius (Charles de L’Escluse) (1526-1609) y el botánico
alemán Valerius Cordus (1515-1544).
Además,
hay unos párrafos en este libro en los que Monardes da cuenta del origen
americano de la sífilis y de diversos nombres de la enfermedad:
"Las bubas vinieron de las Indias, y las
primeras de Santo Domingo. Son entre los indios las bubas tan comunes y
familiares como a nosotros las viruelas y casi todos los más de los indios y
las indias las tienen sin que de ello hagan mucho escrúpulo, y vinieron de esta
manera. En el año 1493 en la guerra que el Rey Católico tuvo en Nápoles con el
rey Carlos de Francia que decían de la cabeza grande; en este tiempo don
Cristóbal Colón vino del Descubrimiento que hizo de Indias y trajo consigo de
Santo Domingo mucha cantidad de indios e indias, los cuales llevó consigo
Nápoles donde estaba a la sazón el Rey Católico, el cual tenía ya concluida la
guerra, porque había paces entre los dos reyes y los ejércitos se comunicaban
unos con otros. Llegado allí Colón con sus indios e indias de los cuales los
más de ellos iban con la fruta de su tierra que eran las bubas, comenzaron a
conversar los españoles con las indias y los indios con las españolas y de tal
manera aficionaron los indios y las indias el ejército de los españoles,
italianos y alemanes, que de todo tenía el ejército del Rey Católico, que
muchos fueron inficionados del mal. Y después, como los ejércitos se
comunicaron, hubo lugar a que también se encendiese el fuego en el Real del Rey
de Francia, de lo que se siguió que en breve tiempo los unos y los otros fueron
inficionados de esta mala simiente y de allí se extendió por todo el mundo.
Al principio tuvo diversos nombres; los españoles, pensando que se lo habían pegado los franceses, lo llamaron mal francés; los franceses, pensando que en Nápoles, lo llamaron mal napolitano. Los alemanes viendo que de la conversación con los españoles se les había pegado, la llamaron sarna española y otros lo llamaron sarampión de las indias y con mucha verdad, pues de allí vino el mal.”
Toda Europa leyó con interés la Historia medicinal, muchos médicos, sin duda, se debieron sentir atraídos por los productos que venían de territorios extraños y así, comprendemos que la obra fuera citada numerosas veces en la bibliografía, desde su siglo hasta el siglo XX. Bastará decir que antes de que Monardes falleciera en 1588, fuera de España se hicieron nada menos que dieciséis ediciones: seis en italiano, cinco en latín, tres en inglés, otras tantas en francés y una en alemán; pero además, en la centuria siguiente se volvió a imprimir catorce veces en otros idiomas: siete en italiano, tres en francés, dos en latín, una en alemán y otra en inglés
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