Los
años que marcan el declinar del siglo XV son, sin lugar a dudas, años
trascendentales en el desarrollo histórico de la humanidad: los nuevos
territorios descubiertos por
Son
muchas las brújulas que orientan las ilusiones de los viajeros que se dirigen
al Nuevo Continente: aventura, poder, riqueza, saber...; son muchos los
implicados y muy varia es su condición: pobres y ricos, gente de mar y de
tierra adentro, sabios y torpes...; en cualquier caso, las preciosas palabras
del matemático Julio Rey Pastor dan una idea perfecta de la revolución que se
avecinaba:
“La
obra entera de la creación se duplica en el siglo XV para los habitantes de
Europa (como observa Humboldt) y suministra a las inteligencias nuevos y
poderosos estímulos, que aceleran el progreso de las ciencias. Y llega ese
presente en el momento mismo en que ya puede ser aprovechado por el despertar
de las inteligencias y la eficacia de las prensas de Haarlem y Maguncia, que
prestan alas al pensamiento, poniendo la cultura al alcance de todas las clases
sociales, en las que pronto surgen preclaras inteligencias al servicio de una
tarea común.”
En todos los viajes colombinos, excepto en el tercero, fueron médicos.
En
el primer viaje de Cristóbal Colón fueron hombres de la medicina y así el
maestre Juan Sánchez, cirujano, iba en La
Santa María y fue uno de los 40 hombres que dejó Colón en La Española y con
ellos murió; el maestre Alonso se embarcó en La Niña y finalmente, el maestre Diego, del que no sabemos si era
boticario o cirujano, marchó al Nuevo Mundo en La Pinta.
Desde
muy pronto las islas antillanas se convirtieron en lugares de enlace con el
continente americano. Asimismo, se creó en ellas una política de higiene
pública que legislaba de manera similar a como sucedía en Castilla.
Ya en 1493, al iniciarse la colonización, llega al Nuevo Mundo el primer médico europeo graduado en alguna universidad del viejo continente, el primero de los médicos de los que fueron a América que tenía un currículum importante: Diego Álvarez Chanca, médico que fue de Isabel de Portugal. Este galeno, vecino de Sevilla, estaba muy interesado en marchar a las Indias y se ofreció a los reyes para ir a los nuevos territorios. Estos aceptaron el ofrecimiento: “Doctor Chanca: Nos hemos sabido que vos, con el deseo que habéis de nos servir, habéis voluntad de ir a las Indias. E porque en los hacer nos serviréis y aprovecharéis mucho a la salud de los que por nuestro mandado allí van, por servicio nuestro que lo pongáis en obra e vayáis con nuestro almirante a las dichas Indias...”
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Tractatus de fascinatione. E libro del ojo, de Álvarez Chanca |
Así
que el doctor Chanca marchó en septiembre de ese año en una flota que formaban
diecisiete navíos y unos 1.200 hombres y se convirtió en un cronista de los
nuevos territorios de manera que cuenta la fundación del poblado de Isabela y de
que “se han visto cosas bien de maravilla”: la exuberante vegetación, el valor
nutritivo de plantas como el aje (planta con un rizoma comestible), el escaso
número de cuadrúpedos, la morfología de la jutía (un roedor), la existencia de un
lagarto muy raro (iguana), informa de la antropofagia de los caníbales, etc. Asimismo,
le preocupa la manera de vivir de los naturales de la zona: “tienen sus casas
tan cubiertas de yerba o de humidad que estoy preocupado como viven”. Tampoco
comprende la dieta de muchos indios, que comen culebras, gusanos y arañas: “me
parece es mayor su bestialidad que de ninguna bestia del mundo”. La vida en el
Nuevo Mundo no le debió de ser muy agradable ya que regresó a la Península en septiembre de 1494.
Otro
personaje interesante de estos años fue Nicolás de Ovando y Cáceres (c.1451- 1511). En 1501 fue nombrado por
los reyes gobernador y justicia de las “Islas y Tierra firme” de las Indias.
Este caballero de la Orden de Alcántara partió de España, en 1502, con 32
embarcaciones y unos 2.500 tripulantes. En ellas iba un numeroso instrumental
médico (materiales para la extracción de muelas, una jeringa de cobre, una balanza,
unas navajas para la barbería, etc.) y diferentes productos para fabricar
medicinas: cañafístula, ruibarbo, agárico, acíbar, jengibre, etc.). Ovando
fundó varias ciudades en La Española, intervino en el desarrollo de la
industria de las minas, introdujo el cultivo de la caña de azúcar, etc.
La capital de La Española (Santo Domingo), la isla más importante de estos primeros momentos de la colonización, tenía un “servicio de limpieza” que no había en las otras poblaciones antillanas y en Nueva Cádiz de Cubagua (primera ciudad fundada en el sub-continente suramericano) se estableció una ordenanza para que se echasen las basuras únicamente en un lugar determinado.
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Palacio de los Ovando en Cáceres |
Desde
1503 y gracias a Nicolás de Ovando, se ordenó la construcción de hospitales en
La Española: donde “se acojan y curen los pobres así cristianos como de los
indios”. Y ese mismo año comenzó la construcción del hospital de San Nicolás de
Bari, aunque no fue hecho de piedra hasta 1519, si bien con sólo seis camas.
Después se levantaron otros establecimientos similares de manera que en 1514 había
al menos seis hospitales aunque no especialmente boyantes. Finalmente, hay que
recordar que en los primeros años del siglo XVI se crearon hospitales en otras
islas antillanas: Puerto Rico, Cuba, Jamaica, etc.
Placa que puede verse en las ruinas del Hospital de San Nicolás de Bari |
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