De la obra del más importante de los hombres de ciencia que ha dado España me he ocupado en varias entradas de este blog, pero hoy voy a contar lo que se ha representado o filmado sobre la vida de este neurocientífico, el español más conocido de los que han realizado actividades científicas y uno de los más populares de la historia de la cultura española.
Soldado del espíritu, el investigador defiende a su patria con el microscopio, la balanza, la retorta o el telescopio
(Santiago Ramón y Cajal)
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20 julio, 2017
25 febrero, 2015
Tom Wolfe y un neurocientífico español
El escritor norteamericano Tom Wolfe nació en 1931 en Richmond, Virginia. Educado en las universidades de Washington y Lee, se doctoró en Estudios Americanos en la de Yale (1957). Ha escrito varias novelas que han sido un éxito de público y crítica: De ellas voy a destacar dos, la muy conocida La Hoguera de las vanidades, de 1987, y Soy Charlotte Simmons, de 2004, en las que el autor hace varias alusiones a la figura, desconocida para el gran público, de un importante científico español, el profesor Rodríguez Delgado.
29 enero, 2013
La botánica del XVIII, el Jardín de Madrid y el impulso intelectual ilustrado
La
botánica fue, sin lugar a dudas, la ciencia de moda durante la Ilustración: era
objeto de interés de personas ociosas, de farmacéuticos, médicos e
instituciones: cátedras, academias y, evidentemente, los jardines se ocuparon
de reconocer, estudiar, catalogar y difundir el enorme y desconocido patrimonio
botánico que se encontraba en suelo español.
20 marzo, 2012
Pujiula y el Laboratorio Biológico de Sarriá
La creación de museos de ciencias naturales y laboratorios dedicados a las ciencias experimentales en los centros docentes de la Compañía de Jesús fue una característica muy común a los colegios de jesuitas creados durante la Restauración alfonsina. En este contexto, los jesuitas españoles intentaron construir en Tortosa una agrupación de instituciones científicas en la que se harían estudios de astronomía, química y biología. Tortosa era, a fin de cuentas, capital de la “provincia” de la Compañía de Jesús en la que estaba incluida Cataluña. De acuerdo con ello, el jesuita Ricardo Cirera Salse (1864-1932) fundó, en 1904, en la cima de una de las colinas al Oeste de la población tarraconense de Tortosa, en Roquetas, el Observatorio del Ebro, con el que se quería estudiar la actividad solar en los fenómenos geofísicos.
26 enero, 2012
Alguna tontería en el debate del darwinismo
Podemos decir que en la España del último tercio del siglo XIX, en los ambientes culturales de cualquier orientación el debate sobre la teoría de la evolución lo impregna casi todo; está, obviamente, en los ámbitos científicos, pero también se habla del darwinismo en los ámbitos políticos, literarios, docentes, religiosos, filosóficos… Muchos partidarios y adversarios de estas teorías no han leído la obra del científico británico, pero la utilizan.
18 enero, 2012
Ochoa en Estados Unidos
La vida científica de Severo Ochoa se puede dividir en tres partes perfectamente delimitadas: los años de formación en España primero y en otros países europeos (Alemania e Inglaterra) después; una segunda época formada por las décadas de esplendor del premio Nobel en los Estados Unidos; por último, los años en los que el científico de Luarca fue un gran impulsor de los estudios e investigaciones bioquímicas y de biología molecular en España.
04 enero, 2012
La recepción del darwinismo en los medios no científicos
El origen de las especies apareció en Alemania en 1860, en Francia en 1862, tres años más tarde en Italia… En España, en Madrid, se publicó la primera traducción, aunque incompleta, en 1872, mientras que el texto íntegro del naturalista británico no vio la luz hasta 1877; sin embargo, un año antes ya se podía leer la traducción de La descendencia del hombre.
20 octubre, 2011
Unas oposiciones de Severo Ochoa
Es el año 1935 y Juan Negrín propone al que había sido su discípulo en la Universidad Central de Madrid y en la Residencia de Estudiantes, Severo Ochoa Albornoz (1905-1993), para que se presente a las oposiciones que se han convocado para cubrir la plaza de catedrático de Fisiología en la Universidad de Santiago de Compostela. Ochoa se muestra reacio ya que el futuro premio Nobel sólo desea trabajar en la investigación. Sin embargo, su antiguo maestro le convence para que se presente a la cátedra porque con una plaza fija en la Universidad podrá tener más medios para investigar.
01 septiembre, 2011
"La evolución", un libro clave de la biología española
Miguel Crusafont Pairó (1910-1983) nació la ciudad barcelonesa de Sabadell. Se había licenciado en Farmacia (1933), pero desde muy joven sintió un gran interés por la paleontología y hacía excursiones buscando los fósiles de mamíferos del Mioceno que se encontraban próximos a su localidad natal. De hecho, su formación académica fue completada después de la Guerra Civil con la licenciatura (1948) y el doctorado (1950) en Ciencias Naturales.
Crusafont fue uno de los primeros científicos españoles que explicaron la teoría de la evolución. Sobre este último asunto realizó un importante trabajo de divulgación que expuso en numerosas conferencias, cursillos y libros. Así, sus numerosos artículos al respecto culminaron en un libro de más de 1000 páginas escrito en colaboración con Bermudo Meléndez y Emiliano Aguirre: La Evolución, que apareció en 1966, que tuvo una segunda edición en 1974 y que ha sido, en España, punto de referencia sobre dicho asunto. En este sentido, Crusafont estuvo muy influido por el pensamiento cosmológico de Teilhard de Chardin (1881-1955), de forma que fue el primer español que escribió sobre el ideario del jesuita francés.
El ferrolano Emiliano Aguirre Enríquez (1925), además de haber estudiado Humanidades y Filosofía en la Facultad Eclesiástica de Alcalá (1944-1950), se licenció en Ciencias Naturales por la Universidad de Madrid (1955), doctorándose en Ciencias Biológicas (1966) en la misma Universidad; también es licenciado en Teología por la Universidad de Granada (1959). Fue uno de los iniciadores de los estudios en los yacimientos pleistocenos de la Sierra de Atapuerca, de cuyas excavaciones fue director hasta su jubilación.
Por último, Bermudo Meléndez y Meléndez (1912-1999) nació en Palencia y fue una de las figuras más destacadas de la paleontología española de la posguerra y el autor español más importante de textos de esta disciplina científica.
A instancias de su padre inició estudios de Ingeniería, pero su verdadera vocación se encontraba en la naturaleza. Así, cursó la licenciatura en Ciencias Naturales en la Universidad Central de Madrid y en ella hizo su Trabajo de Grado de Licenciado con una investigación que sería el punto de partida de su labor paleontológica: “Filogenia de los vertebrados en los tiempos geológicos”, con la que obtuvo el Premio Extraordinario (1936) . En esta Facultad también realizó el doctorado bajo la dirección de Eduardo Hernández Pacheco (1872-1965); su tesis versó sobre “El Cámbrico en España” (1942) y por ella obtuvo El Premio Extraordinario del Doctorado.
La evolución es un texto en el que participan muchos científicos, algunos de ellos eran piezas fundamentales de la ciencia española. En ella, además de los tres coordinadores, intervinieron Rafael y Salustio Alvarado, Francisco Bernis, Enrique Gadea, Eusebio Colomer, Juan Comas, Ramón Margalef, Antonio Prevosti, Rof Carballo, Vicente Villar Palasí y otros.
31 mayo, 2011
El Laboratorio de Hidrobiología Española y Celso Arévalo
El leonés, nacido en Ponferrada, Celso Arévalo Carretero (1885-1944) puede ser considerado como uno de los más firmes impulsores de la ciencia ecológica hispana. Arévalo crea en Valencia, en 1912, en el Instituto General y Técnico, en el que ejercía como catedrático de Historia Natural, la primera institución científica de nuestro país dedicada al estudio de la vida en las aguas dulces: el Laboratorio de Hidrobiología Española.
La Primera Guerra Mundial hizo que algunos investigadores extranjeros recalaran en el laboratorio valenciano: el ictiólogo Alfonso Gandolfi, el malacólogo Fritz Haas y el especialista en ácaros acuáticos Karl Viets. Los tres escribieron artículos en los Anales del Instituto valenciano, revista que iba a ser la voz científica de los primeros investigadores españoles que trabajaron en el laboratorio.
Karl Viets mantuvo una buena relación científica con Celso Arévalo y en 1918 dedicó al catedrático del Instituto valenciano una especie de ácaro acuático, al que denominó Limnesia arevaloi, en un artículo titulado “Eine neue Limnesia-Species” que fue publicado en Zoologischer Anzeiger.
Después, en la capital de España, donde se traslada como catedrático del Instituto Cardenal Cisneros (1918), Arévalo consigue que el Laboratorio valenciano sea incorporado a la Sección de Hidrobiología, creada por él en la sede del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Arévalo es nombrado Jefe de la citada Sección
Creo necesario resaltar que la publicación, de 1923, titulada: “Algunas consideraciones sobre la variación temporal del plankton en aguas de Madrid” ha sido considerada muy significativa en el ámbito científico español ya que es una de las primeras veces en las que “una investigación original netamente y, digamos, modernamente ecológica, constituye el tema central de una monografía científica” (Casado de Otaola).
En 1929 la editorial Labor publica su obra más significativa, auténtico resumen de su labor investigadora en el campo de la limnología: La vida en las aguas dulces. Con una finalidad claramente didáctica, esta obra de divulgación científica fue un destacado intento de despertar el interés hacia estos conocimientos ecológicos. El Prólogo de la obra, en la que Celso Arévalo se considera, con razón, fundador y promotor de la hidrobiología española, muestra la finalidad de la misma, la situación de la limnología en nuestro país y el resquemor del autor por la escasa consideración que tuvo su labor.
22 marzo, 2011
Tres pioneras de la ciencia española
En 1871 fue creada la Real Sociedad Española de Historia Natural, y en 1914 tenía un 2% de mujeres socias. A esta institución pertenecía desde 1920 una de la primeras españolas de cierto prestigio en el mundo de la biología, Dolores Cebrián Fernández Villegas, profesora de la Escuela Normal de Maestras de Madrid; estuvo becada, en 1912, por la Junta para Ampliación de Estudios, para realizar diversos cursos en la Facultad de Ciencias de París y el año siguiente trabajó en el Laboratorio de Biología Vegetal de Fontainebleau. Publicó en 1919, en la revista francesa Comptes rendus des Séances de l’Académie des Sciences, un trabajo en el que explicaba la influencia de la luz sobre la absorción de sustancias orgánicas por las plantas.
Felisa Martín Bravo también es otra mujer destacada por ser la primera que se doctoró en Ciencias Físicas en España; fue en la Universidad de Madrid en 1926. Obtuvo ese grado académico gracias a la labor investigadora realizada, en el Laboratorio de Investigaciones Físicas, sobre las estructuras cristalinas; la tesis estuvo dirigida por uno de los físicos españoles más importantes de la época, Julio Palacios Martínez (1891-1970). Trabajó para determinar la estructura cristalina de los óxidos de níquel y cobalto utilizando rayos X, fue pensionada de la JAE en Estados Unidos y miembro de varias sociedades científicas españolas, la de Física y Química, la de Matemática y de Asociación Española para el progreso de las Ciencias.
En el mundo de las matemáticas la primera mujer que se doctoró en esta especialidad fue María del Carmen Martínez Sancho; lo hizo con una tesis, defendida en 1927, sobre los espacios normales de Bianchi, con la que obtuvo el Premio Extraordinario del doctorado. Pensionada por la Junta para Ampliación de Estudios, amplió conocimientos de geometría multidimensional en Berlín durante un año y medio. Ejerció como catedrática de Matemáticas en Institutos de Bachillerato del Ferrol, Madrid y Sevilla y fue miembro, desde 1925, de la Sociedad Matemática Española, institución que data de 1911.
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